
Cuánto he celebrado la suspensión de ese tumor musical que se extendía en este país en un formato amable pero altamente dañino que es Operación Triunfo.
Este "concurso musical" no es más que la representación exacta del poco cariño que le tenemos en este país a la música, adorando la imitación y menospreciando lo original, que supone que cantantes de Karaoke sean referencia popular y los top manta sean la tienda de discos más al alcance.
Se agradece que voces como la de Joaquín Sabina se hayan alzado en contra de OT, sin escrúpulo alguno y soltando verdades como puños. Llamando a las cosas por su propio nombre. Que el personal se sorprenda cuando uno reconoce, con timidez y vergüenza, que aún sigue comprando discos originales y que aborrece las copias, no deja de parecerme algo completamente inaceptable.
Parece que no nos acordamos que la música no sale de un botón en los ordenadores, que hay gente detrás trabajando duro para alzarse un sitio y lo que debería considerarse una ventaja, que es poder acceder a un gran repertorio en la red, se ha convertido en una vaga y fea costumbre. El consumidor que se rasca el bolsillo en formatos originales está en vías de extinción. Las nuevas generaciones no valoran la pureza de lo auténtico y gastan sus esfuerzos en realitys en los que destrozan sin compasión alguna obras ajenas que tanto trabajo ha supuesto a sus creadores.
Bisbal comentaba que no cree que el formato haya muerto y confía en que volverá. Entendemos que para él, rechazar OT es como rechazarse a sí mismo, pero más guapo hubiera estado con la boca calladita. Los triunfitos han copado el mercado en los últimos diez años, si bien es cierto con cada vez menos presencia, y pseudocantantes como Chenoa, Soraya, Natalia y demás quinquillera llegaban a las masas gracias a la gran repercusión mediática del programita de marras. Sus propuestas carecen de calidad y sus canciones son rápidamente abandonadas en el olvido, nacen tan rápido como mueren y su tirón promocional dejaba relegado a aquellos verdaderos artistas que no osaban vender su vida a cambio de obtener sus quince minutos de fama.
Me la repampinfla si OT, en su edición tropecientas, ha fracasado por unos concursantes aburridos hasta la extenuación, si su presentadora no tiene carisma, si el formato está quemado. OT nunca debería haber existido y el daño irreparable que ha causado en este país, abaratando la música hasta proporciones ínfimas, no se verá subsanado hasta que no cambie la mentalidad de la gente. Y hay que empezar por donde nos habiamos quedado, apoyando la creatividad, el contenido antes que el continente, y mentalizando a los jóvenes que los músicos no viven del aire, y que hay que invertir en la música de una manera u otra.
Nos hemos acostumbrado a la inmediatez, nos conformamos con bisutería porque no queremos pagar por el oro, no nos importa que una canción suene a lata; la hemos conseguido gratis y eso nos llena de orgullo.
Nuestra querida ministra sigue dando palos de ciego, la ley SINDE puede ser un paso pero está mal concebido. Los "ladrones" del arte siguen presentes en todas partes. No hay que indagar mucho para encontrar una buena ración de mantas expuestas a lo largo de toda la calle Arenal, en Madrid. Alucinado, el sábado pasado quise fotografiar la escena y uno de los africanos que estaba vendiendo sus productos me increpó. Aún tienen la cara dura de preservar su trabajo del ojo público, cuando más públicamente no se pueden situar vendiendo sus copias baratas y de pésima calidad en el corazón de Madrid. La ley Sinde debería empezar por acabar con este mercado negro que tan a sus anchas se mueve chulescamente. ¿No dicen que está mal lucrarse del trabajo ajeno? Pues que acaben con esta panda de gente, que no temen a la policía, porque lo único que pueden hacer es reprenderles, requisarles el material y al día siguiente están en la misma calle con una nueva colección de copias piratas.
Os dejo el poema que ha escrito Joaquín Sabina atacando a OT, a Gran Hermano y a Gadafi. Todo en uno. El andaluz no se corta un pelo y hace bien, ya está bien de que por un lado ataquemos a los internautas y por el otro permitamos que la decadencia musical de baratija siga siendo la pauta para el ciudadano si quiere hacerse con un disco. He dicho.