Al "guapérrimo" (el que tuvo, retuvo) y talentoso Duncan Sheik le bastó una canción para convertirse en uno de los nombres reconocibles del pop estadounidense de los noventa. “Barely Breathing”, publicada en 1996, fue uno de esos éxitos capaces de definir una carrera entera. Sin embargo, reducir su trayectoria a aquella canción supone perderse una historia bastante más interesante: discos cada vez menos preocupados por las listas, una permanente fascinación por la electrónica y, sobre todo, una segunda vida como compositor de musicales.
Más de veinticinco años después de aquel éxito, Sheik publicó “Experience”, canción que abre su álbum Claptrap (2022). Y si en su juventud escribía sobre relaciones, deseo e incomunicación, aquí parece hacerse una pregunta bastante más complicada: ¿qué significa realmente experimentar nuestra propia existencia?
Cuando comenzó la pandemia, Duncan Sheik llevaba años dedicando buena parte de su tiempo al teatro musical.
El gran cambio en su carrera había llegado con Spring Awakening, creado junto al letrista Steven Sater y convertido en uno de los grandes éxitos de Broadway de los 2000. El musical ganó ocho premios Tony en 2007, incluidos dos para Sheik: mejor música original y mejores orquestaciones.
Después llegarían otros proyectos como American Psycho, Alice by Heart o Noir.
Escribir para teatro había ampliado enormemente sus posibilidades como compositor. Sheik ha explicado que trabajar para personajes permite adoptar perspectivas que uno jamás utilizaría escribiendo un álbum personal. Pero después de años haciéndolo comenzó a echar de menos precisamente eso: escribir como Duncan Sheik.
Y entonces llegó 2020.
Broadway se detuvo y Sheik se quedó sin lo que él mismo denominaba sus “deberes teatrales”. Al mismo tiempo atravesaba una etapa de cuestionamiento personal y espiritual. Había sido padre recientemente y el aislamiento le proporcionó algo que probablemente llevaba mucho tiempo sin tener: tiempo para detenerse.
Terminó alquilando un pequeño estudio a unas diez manzanas de su apartamento de Nueva York. Allí instaló guitarras, micrófonos y algunos de sus sintetizadores, entre ellos un Roland Juno-106 y un Prophet, y comenzó a trabajar solo durante varias horas al día.
Años después compararía aquella situación con volver a tener doce años y grabar música en su dormitorio con un cuatro pistas.
De aquellas sesiones terminaría naciendo Claptrap.
Y “Experience” fue una de las primeras piezas que le permitió descubrir de qué quería hablar en el disco.
Esta atrapante pieza comienza con una situación completamente cotidiana: alguien te pregunta cómo estás.
Una pregunta aparentemente sencilla hasta que intentas contestarla de verdad.
A partir de ahí, Sheik empieza a jugar con una cuestión mucho mayor: qué parte de aquello que llamamos realidad pertenece realmente al mundo exterior y qué parte está siendo creada por nuestra propia percepción.
Detrás de todo ello está el interés de Duncan Sheik por el budismo, que practica desde que tenía alrededor de diecinueve años, y especialmente por el concepto de no dualidad.
Estamos acostumbrados a dividir la realidad constantemente: yo y los demás, mente y cuerpo, sujeto y objeto, aquello que observa y aquello que es observado.
La no dualidad cuestiona precisamente esas fronteras.
Y Claptrap nació en buena medida de la fascinación de Sheik por esas ideas durante el aislamiento.
Pero hay un momento de “Experience” en el que toda esa filosofía deja de ser abstracta y aparecen dos nombres muy concretos en lo que es el segundo verso nada más terminar el estribillo: Mooji y Sadhguru.
Sheik los invoca casi como alguien que está buscando desesperadamente un manual de instrucciones para existir.
Mooji, nacido Anthony Paul Moo-Young, es un maestro espiritual relacionado con el Advaita Vedanta, cuyas enseñanzas giran precisamente alrededor de la no dualidad y de la pregunta acerca de qué es realmente aquello que denominamos “yo”.
Después aparece Sadhguru, el yogui indio Jaggi Vasudev, fundador de la Isha Foundation y conocido internacionalmente por sus enseñanzas sobre el yoga, la conciencia y la percepción.
Y Sheik introduce ambas referencias con bastante sentido del humor.
Con Mooji parece pedir que le enseñe simplemente cómo ser. Inmediatamente después juega con el nombre de Sadhguru mediante un despreocupado “How do you do?”.
Ese pequeño fragmento dice muchísimo sobre la canción.
Porque Duncan Sheik no se presenta como alguien que haya encontrado la iluminación después de décadas interesado por el budismo. Se presenta como alguien que todavía está haciendo preguntas.
Incluso parece haber cierta ironía en esa búsqueda: acudir a maestros espirituales para preguntarles quién eres cuando buena parte de sus enseñanzas sugieren que precisamente deberías dejar de buscar la respuesta fuera de ti mismo.
Todo esto podría haber terminado fácilmente convertido en una solemne canción acústica sobre el sentido de la vida.
Pero “Experience” hace prácticamente lo contrario.
Sheik envuelve esas preguntas existenciales en sintetizadores, programación, guitarras y un ritmo electrónico sorprendentemente ligero.
Es una combinación que en realidad siempre ha formado parte de su música. Aunque “Barely Breathing” lo colocara dentro de la generación de cantautores de los noventa, Sheik nunca fue simplemente un hombre con una guitarra acústica. La electrónica, el pop británico y artistas como Talk Talk o Cocteau Twins han formado parte de su lenguaje durante décadas.
En “Experience” todos esos elementos conviven con naturalidad.
Y quizá ahí se encuentre uno de los mayores encantos de la canción: Sheik consigue hablar del ego, la conciencia y la naturaleza de la existencia mientras construye algo que sigue funcionando como una canción pop.
Resulta difícil resistirse a comparar al Duncan Sheik de 1996 con el de 2022.
En “Barely Breathing” había un músico de veintitantos años intentando comprender por qué una relación estaba desmoronándose.
En “Experience” encontramos a un hombre que ha superado los cincuenta preguntándose algo bastante más complicado: quién es exactamente la persona que está experimentando todo eso.
Entre ambas canciones hay más de veinticinco años, varios discos, Broadway, dos premios Tony, la paternidad, décadas de práctica budista y una pandemia.
Pero cuando el mundo se detuvo, Sheik terminó haciendo prácticamente lo mismo que cuando era un adolescente.
Se encerró en una habitación con guitarras y sintetizadores y comenzó a hacerse preguntas.
La diferencia es que ahora las preguntas eran mucho más grandes.
Y quizá lo más interesante de “Experience” sea que no intenta responderlas.
Mooji, Sadhguru, el budismo y la no dualidad aparecen como posibles caminos, pero ninguno proporciona una conclusión sencilla.
Después de todo, quizá esa sea precisamente la experiencia de la que habla Duncan Sheik: pasar la vida intentando comprender quiénes somos para terminar descubriendo que la propia búsqueda forma parte de la respuesta.

























