miércoles, 18 de septiembre de 2019

Recordando los cassettes - Tears for Fears - "The seeds of gold"


Mi verano de 1993 lo marcó un disco, el "Elemental" de Tears for Fears. Nadie se puede imaginar lo que para mí supusieron las diez canciones que lo componen. Me tocaron, me conmovieron, me inspiraron. Fue tal el efecto que todavía siento escalofríos al escucharlas.
Era mi primera incursión en el mundo de Roland Orzabal y Curt Smith (aunque en "Elemental" sólo estuviera Roland) y la fascinación que en mí generó no puedo explicarla con palabras.
Ya hablaré con detalle de mis dos primeros cassettes de Tears for Fears, porque ahora con el que me he tropezado es con el tercero que compré de ellos, el "The Seeds of love". Mis antecedentes cuando me enfrenté a este álbum eran el mencionado y adorado "Elemental" y el grandes éxitos, "Tears roll down". Así que ya conocía bien tres de las solo ocho canciones de este trabajo, publicado cinco años antes.

Ocho. Eso me daba bastante rabia, que únicamente contuviera ocho canciones. Ansiaba mucho más de ellos, y en general, los discos con tan pocos tracks siempre han despertado en mí un sentimiento de decepción. Qué menos que incluir diez, ¿no? - me decía para mis adentros, frustrado leyendo el tracklist, que descubría al tener el cassette en mis manos.

Mi desilusión inicial se evaporó al descubrir cómo estas canciones tenían tantos giros en sí mismas, se transformaban y evolucionaban en diversas direcciones, que más que ocho cortes parecía como si hubieran muchos más. "Badman's song", "Standing on the corner of the third world" o "Year of the knife" cuentan historias en varias partes, secciones que se desarrollan tomando una base argumental pero que perfectamente podrían haber sido dos, tres o más canciones.No sólo son grandes en duración, sino que también lo son en opulencia.

Sabía que para este tercer disco, los británicos habían sufrido lo suyo, grabando tomas y tomas hasta que el resultado final consiguió convencerles. Demasiado exigentes consigo mismos. Por esto quizás el presupuesto del que dispusieron fue tan elevado, convirtiéndolo en uno de los discos más costosos de la historia. Y yo me seguía quejando... ¿uno de los discos más caros jamás grabado tiene únicamente ocho canciones? No lo entendía, la duda me invadía. ¿Cómo sonará para que haya costado tanto dinero?


No consigo recordar dónde compré este cassette, probablemente en el Madrid Rock de Gran Vía (Madrid). Lo que sí sé es que no era barato, y estuve dubitativo un buen rato, pensando si merecería la pena pagar tanto por cinco canciones (había tres que ya conocía).  Finalmente lo hice y no me arrepiento en absoluto de haber pasado por caja. Este álbum merece cada euro (o peseta, que era lo que había entonces) que costó.

El libreto contenía las letras, comprobé con un suspiro de alivio. Me lo esperaba tras descubrir que en sus grandes éxitos también las habían incluido, hecho éste que no es habitual encontrarse en un recopilatorio. Lo que me parecía es que era demasiado escueto, apenas unos dibujos que formaban parte del collage de la portada y una única fotografía de ellos, más otra de Oleta Adams, todo un detalle por su parte. No es de extrañar que quisieran incluir una foto de Oleta; ella ha sido parte fundamental del proceso de grabación del disco, aportando su voz en varios temas (no sólo en "Woman in chains", también en "Badman's song") y los teclados en "Standing..." . Como curiosidad, aunque aparece en el videoclip de "Advice for the young at heart" al piano, ella no es la que lo toca en la canción, sino que se trata de Nicky Holland, coautora de la canción.

Otro detalle que captó mi atención era que Curt Smith sólo figurase en los créditos de composición de un track, en "Sowing the seeds of love", lo que resulta extraño siendo la cara visible del dúo, del que se espera más participación. No sólo quedó relegado aquí a nivel creativo, también como cantante, dejando a Roland casi todo el peso de la interpretación. No hacía falta ser un lince para intuir que algo pintaba mal, y que era cuestión de tiempo que Curt, si aspiraba a más protagonismo en el dúo, todo apuntaba a que no se lo iban a permitir.



Esperaba convencido que "Sowing the seeds of love", igual que en el recopilatorio, fuera la que abriera este disco. Sorprendido me encontré con que esta posición de honor la tenía "Woman in chains".... ¿una balada abriendo un disco? Otra osadía marca de la casa. Ansiaba que terminara para encontrarme con música nueva, y "Badman's song" me dejó desconcertado. No sonaba a nada que hubieran hecho antes, esta especie de jam session me disgustó en conjunto en esta primera cita. Muy larga, muy pesada, muy diferente. Ahora no tengo esa impresión, pero sigo creyendo que es el tema que menos les identifica, que más se aleja de todo lo que han grabado antes. Los dos siguientes cortes los conocía de sobra, por lo que pasamos a la cara b. Empieza "Standing...". Otra canción extraña, ¿me he comprado un cassette de Tears for Fears o de Peter Gabriel?. "Swords and knives" me convenció más de primeras. Tras dos medio tiempos, quería algo más rotundo, con más fuerza. Sigo pensando a día de hoy que ésta es la mejor canción "no single" del álbum. "Year of the knife" (más cuchillos?) comenzaba con un falso directo para mostrar capas y capas de efectos, virajes en su melodía, sonidos inquietantes... recuerdo que me dejó perplejo. No sabía si me gustaba o la detestaba. "Famous last words" es una de las más hermosas interpretaciones de Roland, y tristemente, vaticinaba una despedida que no tardó mucho en llegar.

Finalizado el cassette, me sentí decaído. No, no es lo que me esperaba, ni mucho menos. Eran canciones excesivamente recargadas, confusas, un sonido progresivo al que no estaba acostumbrado. Sabía que era cuestión de paciencia y de más audiciones. Rápidamente todas las canciones comenzaron a ser familiares, y no me ha sucedido ni una sola vez hasta el día de hoy, que no descubra un efecto nuevo, un sonido que se me había pasado por alto, cada vez que me animo a disfrutarlas. ¿Entonces tanta profusión de detalle justificaría su alto coste?

Todavía hoy puedo cerrar los ojos y sentir cómo se me eriza la piel cuando en "Swords and knives" llega la parte en la que sube la instrumentación brutalmente antes de entonar las líneas "Turn the tables, we'll burn the fables"... 
La memoria me traslada entonces a una excursión que realicé con el colegio, en San Lorenzo de El Escorial, subiendo a lo alto de una cima cercana. Iba escuchando este cassette con los auriculares y fue precisamente cuando alcanzamos lo más alto, que esta parte de la canción sonó en mi walkman. Fue todo un extasis sensorial. Lo que estaba viendo, lo que estaba escuchando, como todo cobraba sentido, cómo el esfuerzo por llegar a ese punto era recompensado con esta culminación de la instrumentación. Este es el momento más vívido que me retrae este álbum, y es que imagino que a todos nos pasara que hay canciones que te transportan a ciertos lugares en determinados momentos. A mí me pasa con esa canción, y aún noto la fatiga mientras disfrutaba de las fabulosas vistas de la sierra y me sentía rey, cerca de la silla en donde una época se sentaba un rey. Las agujas y alfileres se estaban clavando sobre mí, chaval sin apenas preocupaciones como era por entonces,  pero me esperaba todo un futuro por delante en el que me debería enfrentar a espadas y cuchillos. Y allí, en la silla del rey Felipe II, alguien me cantaba al oído otra pista para sobrevivir: "Aleluya, el rey está muerto".

"Todo es posible en la vida cuando estás sembrando las semillas del amor", a pesar de las palabras del rey, que argumenta que el amor es un cuchillo. Sabias reflexiones para un adolescente de catorce años, que está forjando su personalidad, y que quedaban interiorizadas para descubrir que esta música no había llegado de forma accidental a mis manos, ni era casual que fuera ese cassette precisamente el que hubiera decidido llevarme a esa excursión.

De repente, en lo más alto de esa montaña, sentí cómo el mundo se mostraba en su enormidad ante mí, imponente, desconocido, intimidante. Un mundo al que me tendría que enfrentar, donde acabaría luchando para encontrar mi lugar. Contemplando los vastos paisajes, en la insignificancia que despierta mi consciencia como individuo, me preguntaba: ¿Cómo iba a conseguirlo? "Sowing the seeds of love, the seeds of love..." repetía una alegre voz incesantemente en mi cabeza.




Recordando los cassettes - Nueva sección



Ayyyy...  cuántos recuerdos nos traen los cassettes de nuestra juventud. Bueno, concretemos, para los que hayamos nacido en los 70/80, porque después fueron desterrados por el compact disc,.

Momentos imborrables en la memoria, la banda sonora de tantos escenarios, que uno portaba como amuletos de bolsillo en los que confiaba su suerte y su destino. 

Todavía conservo casi todos los que pude comprar cuando era un chavalín, como un preciado tesoro del que me resisto a desprenderme. Aunque sepa que probablemente no los vaya a volver a reproducir, son tantísimos los buenos recuerdos que me traen que separarme de ellos sería como mutilarme partes de mi cuerpo, de lo que es mi vida, mi pasado.

Fueron mis fieles compañeros los primeros años de mi vida. Una colección que según pasaban los años crecía exponencialmente, pues mis ansias musicales con el tiempo empezaron a ser preocupantes: quería hacerme con mucha más música de la que mis bolsillos se podían permitir. Todo el dinero que podía ahorrar, gracias a las generosas pagas de mis padres, lo invertía en comprar lo que nosotros en España llamábamos también las "cintas".
Rehusaba gastarlo en videojuegos, como hacían mis amigos, y como en mi pandilla no fuímos chavales de hacer botellón (el primero lo hice con 17 años), prefería invertir el dinero que recolectaba en comprarme todos los cassettes que fuera capaz.
Por supuesto que ya existían los compact disc, pero la diferencia de precio era notable y por lo que costaba un cd, te podías comprar hasta dos cassettes de novedad. Había que ser práctico.

Si bien es cierto, me fastidiaba su pobre calidad de sonido, que tuvieras que darle la vuelta cuando terminaba una cara, y que hubiera que estar rebobinando cada dos por tres. Eso sin olvidarse de cuando el reproductor se trababa y dejaba pillada la cinta, sacándola con toda la precaución del mundo, como un trabajo de cirujano, para que no se llegara a romper, y si acababa cediendo, tenías que pegarlo con celofán en el mismo sentido de los carretes. Una auténtica desgracia cuando esto te ocurría, porque sabías que al reproducir la canción, en el instante en que llegara el remiendo, iba a haber un salto desagradable, el sonido se iba a degradar provocando un malestar irremediable en mis oídos, que anhelaban continuamente la perfección en el sonido.
Todavía existen canciones (recuerdo perfectamente una, "Metamorphosis" de Pet Shop Boys) que tuve que hacer un apaño al cassette provocando que una parte del comienzo perdiera volumen, y aún hoy, cuando la escucho, sé exactamente el punto en el que llegaba ese contratiempo, e inconscientemente espero a que se reproduzca. Esto me ocurre aunque la escuche desde el Spotify. Lo tengo grabado en el cerebro así.

A pesar de todo, el cassette también tenía sus ventajas. Los reproductores portátiles eran más o menos asequibles, y aunque sonaran a lata y apenas se apreciara algo más que las voces y un batiburrillo de ruidos de fondo, con eso nos conformábamos para disfrutar.

Los poquísimos cds que caían en mis manos, los reproducía en mi casa, en equipos de alta fidelidad, cuidándolos con mimo para que no se rayaran, terminando por grabarlos en cintas para poder salir a la calle con mi radiocassette, cambiando muchas veces la secuencia de las canciones para así hacerlo más personal, más entretenido para mí. Toda una experiencia auditiva individual.





Era un reproductor parecido al modelo de esta foto, que era el más fácil de transportar.
Tuve, que yo me acuerde, unos dos o tres. Servían también de grabadora lo que nos daba muchas posibilidades para jugar grabando lo que se nos ocurriera. Me compraba cintas vírgenes de 60 o 90 minutos y desbordábamos nuestra imaginación, imitando programas de televisión, haciendo voces graciosas o cantando las canciones que nos sabíamos. Como a casi todos los niños, tambíen nos gustaba lo misterioso, y solíamos acudir a sitios tenebrosos y activar la grabadora, para ver si captábamos algunas voces del más allá. Por aquella época estaban muy en boga las psicofonías (el caso del palacio de Linares era reciente) y nosotros intentábamos atrapar algún mensaje sobrenatural, muertos de miedo e intriga.
Algún susto nos llevamos con lo que luego nos encontrábamos. Recuerdo sobre todo una ocasión en la que pudimos escuchar unas voces claramente. No se entendía lo que decían y no eran de ninguno de la pandilla. Eran voces femeninas, que hablaban susurrantemente, en tono pausado, como si se tratara de una conversación privada. Fue tal la impresión que nos llevamos que sacamos el cassette corriendo y lo destrozamos, literalmente. Salimos corriendo de ese sitio y creo que no volvimos a repetir la experiencia nunca más. No, ninguno hubiéramos sido Iker Jiménez, visto el resultado. Ya sabéis, los chicos de esa edad tienden a sugestionarse con cualquier cosa....

No puedo criticar a los chavales que ahora van con sus altavoces bluetooth colgados, escuchando música por la calle, porque yo hacía exactamente lo mismo con trece o catorce años. Eso sí, lo que escuchábamos por entonces y lo que hacen ahora nada tiene que ver, eso es cierto, pero la necesidad de que te acompañara la música donde quiera que fueras estaba ahí, como les pasa a ellos.
Otra gran diferencia es que por entonces no había Internet, ni móviles. No podíamos escuchar la canción que te viniera en gana como ocurre ahora. Teníamos que conformarnos con lo que había, con lo que teníamos a mano, y de esta forma también, apreciábamos más lo que oíamos. El mismo cassette sonaba una y otra vez, hasta que todos canturreábamos las canciones hartos de oírlas en modo repeat. No obstante, solía alternarlos para no acabar aburriéndonos, pero siempre había algunos favoritos que se paseaban más que otros.

Cuando estaba solo, recurría a los famosos walkman, y con mis auriculares me movía por todos lados. Pero cuando eramos más gente, cogía mi radiocassette portátil para que todos oyéramos las canciones. Caminando por la calle, sentados en los portales, montados en el autobús... Había gente que nos miraba mal (sobre todo a mí que era el que lo llevaba), pero yo estaba muy orgulloso de que esas canciones que tanto disfrutaba, pudieran ser escuchadas por otras personas y en ningún momento sentía vergüenza, todo lo contrario. Para mí, debían de dar gracias por disfrutar de esa grandísima música que estábamos poniendo.
Como véis, muy parecido a lo que sucede en la actualidad.

A nosotros nos gustaban las canciones de The Cranberries, Roxette, Mecano o Tears for Fears, y terminábamos aprendiéndonos las letras a base de escucharlas repetidamente, y si no entendíamos algo, sobre todo con las canciones en inglés, cogíamos el libreto con las letras, que acababa arrugado del manoseo que le dábamos. Gracias a este interés por conocer lo que decían las canciones de mi adolescencia por lo que acabé aprendiendo inglés, a fuerza de leer, repetir y traducir.

Era yo sobre todo el que elegía la música, confieso que había poca democracia en este aspecto. Tampoco había mucho en donde escoger. Rara era la vez que sintonizábamos la radio. Quería escuchar lo que a mí me apeteciera. Y esto es curioso que lo mencione aquí, porque es algo que me sigue sucediendo. Cuando estoy en casa o voy en el coche y quiero escuchar música, pongo yo lo que me apetece. Es bastante inusual que me pilléis escuchando la radio. Mientras esté en disposición, seré yo el que elija lo que suena.
Los años me han transformado en una persona más transigente en este sentido, e intento contentar a las otras personas preguntando qué les apetece escuchar para buscarlo, siempre y cuando no sean despropósitos. O lo que es más entretenido, que es ofrecerles música nueva conociendo sus gutos, intuyendo que este artista o esta banda podrían gustarles. Hay que saber explotar los conocimientos que uno tiene.

Hay cosas por las que no transijo, eso es cierto. Si vas en mi coche y me pides que ponga algo de Pablo Alborán, es más factible que te acabes bajando del coche a que acabe cediendo, o como mucho, por satisfacerte, te pondré una canción, pero no me pidas más, que entonces tendremos un accidente.
En tu coche, no me queda más que fastidiarme, pero en mis condominios, mando yo.

Volviendo a la adolescencia, que nos hemos ido del tema. Yo era el que se compraba las cintas, el que pagaba las pilas, el que llevaba a todas horas el cassette... Cargaba continuamente con mi reproductor y allá donde nos pusiéramos, le daba al play, y nos hacía compañía mientras hablábamos de nuestras cosas, sacábamos algún juego de mesa o nos echábamos unas partiditas de cartas. La música siempre estaba con nosotros a todas horas... no podría calcular el dineral que me gastaba en pilas por aquella época. Me daba igual, para mí, eso era la felicidad.

Una vez hecha esta introducción, para que sepáis lo que me ha marcado la música, como seguro a muchos de vosotros también os ha ocurrido, ha llegado el momento de rescatar alguno de estos recuerdos y volver a traer a la vida mis cassettes.

Mensualmente, rescataré uno de estos cassettes y volveré a ser un chaval. Cada uno de ellos me transporta a un lugar y un momento.

Es un viaje nostálgico al pasado que espero disfrutéis leyendo tanto como yo redactándolo.
En breve, rebobinamos.

martes, 17 de septiembre de 2019

Ariana, Miley y Lana - Las nuevas Ángeles de Charlie


Aquí tenemos una colaboración que parecía inverosímil, y que seguro, de no haber sido por los suculentos ingresos que ha recibido cada una para ofrecerse en esta misión, no hubiera visto nunca la luz del día.
Ariana Grande, Miley Cyrus y Lana del Rey, participan con el tema principal de la nueva (e innecesaria) versión de "Los Ángeles de Charlie", que en breve se estrenará.

Se trata de "Don't call me angel", composición original escrita por el chico de oro Max Martin (Britney Spears, Backstreet Boys, Pink, Ed Sheeran) y Ilya Salmanzadeh.

Juntar a algunas de las más populares y exitosas estrellas de la actualidad para interpretar una canción de una banda sonora de una película es una táctica que ya hemos visto repetida en anteriores ocasiones, aunque hacía ya muchos años que no sucedía.
Tenemos que remontarnos casi a Moulin Rouge y ese famoso "Lady Marmalade" que tanto hemos bailado para encontrarnos algo similar, y si lo que hacían Pink o Christina Aguilera era adaptar sus estilos a lo que requería la canción, con "Don't call me angel" tenemos una canción hecha a la medida de las tres voces y personalidades de cada una de las divas.

Perfectamente se podría haber publicado como un tema de Ariana Grande, featuring Lana y Miley, pues es la Grande la que se lleva la mayor parte de protagonismo aquí, aparte de ser un tema que por estilo encajaría a la perfección en sus últimos trabajos, y desentona en sus dos compañeras. La diversidad vocal de Miley hace que se ajuste al cometido y cuando llega el turno de Lana, que se hace rogar bastante, la canción baja decibelios para disfrutar de su susurrante voz en lo que termina siendo, sin lugar a dudas, lo mejor de la canción.

Ariana Grande puede ser una de las más exitosas artistas del momento, si no la que más, y Lana del Rey ha demostrado con su recién publicado disco, que la crítica y el público la siguen adorando. No es el caso de Miley Cyrus, que no consigue entregar un tema digno bajo únicamente su nombre desde aquel "Bangerz" (2013) y actualmente es más popular por su ruptura matrimonial y su nueva novia, que por otra cosa.

La noticia aquí es sin duda que las tres hayan unido fuerzas en una canción esbozada con precisión de cirujano para hacerla triunfar en todo el mundo, y seguro llegará a lo más alto de las listas estos días.

La letra es otro himno al feminismo que sumar a la incansable lista que hará las delicias de los y las partidarias del movimiento #METOO.
Recordemos que estamos ante una película basada en una serie que trataba sobre tres mujeres que eran agentes secretos y que eran comandadas por un hombre que dirigía todos sus pasos...
Bueno, pues aquí llegan ellas diciendo que no les parece bien que las llamen ángeles. Así, para empezar. Ellas consiguen ganarse su dinero sin la necesidad de ayudas masculinas de por medio, no te confundas, que no han caído del cielo, aunque puedan volar, y demás frases hechas de libreto.
Menciones al macho alfa al que sólo le interesa su cuerpo (you sizing up my body), esto cantado en el clip por una Ariana en ropa interior, que va de ángel de Victoria's secret... Querida, si vas vestida de semejante guisa, por supuesto que se van a fijar en tus curvas, ¿o es que pretendías otra cosa?... y es que todo este rasero de doble medida me resulta insoportablemente hipócrita. Venimos quejándonos del machismo y el patriarcado, de la manipulación y cosificación de las mujeres cuando vas tú vestida precisamente de lo que siempre han pretendido y buscado de ti los hombres. Muy razonable todo.
¿Realmente son conscientes de la contradicción que todo esto supone?

El papel de Ariana es realmente lamentable, y flaco favor le hace a la causa. Si queremos que exista una normalización e igualdad de oportunidades, no deberían ofrecerse a semejantes planos, continuamente intentando seducir a la cámara, que sí caídas de ojos continuas, que si pongo ojitos de no haber roto nunca un plato, con movimientos eróticos y muestra gratuita de carne...
Todos sabemos cómo funciona este mercado y lo importante que es exhibirse para vender, que cuanto más buenorra aparezcas en tu video, más visitas tendrás en el youtube.
A Ariana es lo que siempre le ha funcionado, y aunque sus letras prediquen una cosa, su actitud es completamente la opuesta, y las adolescentes no acaban pillando el concepto, y que la vida real no es un video clip y hay gente que confunde las intenciones, por desgracia.

De Miley nos lo esperamos todo, y siempre ha sido más consecuente con la imagen que ha intentado ofrecer y esa desvergozonería que la caracteriza. Pero si alguna de estas tres mujeres demuestra elegancia y saber estar, esa es Lana del Rey. Atrapa todos los planos en los que aparece, y demuestra con su sensualidad que a veces menos es más. Toda una lección de principios a sus dos compañeras.

 Los cuchillos y nunchakus se suceden en este video de la mano de su directora Hannah Lux Davis, mezclando acción y erotismo a partes iguales. Vaticinamos más éxito a esta canción que a la película en sí, que ya fracasó estrepitosamente con la última que hicieron (la que salía Drew Barrymore) y que tras el fiasco de las Cazafantasmas mujeres, es momento para reflexionar, dejar de forzar la máquina y asumir que la normalización entre hombres y mujeres empezará cuando sepamos aceptar nuestras diferencias.


NOTA: 4  /  10





Third Eye Blind - Allí donde solíamos gritar


A finales de los 90, en plena vorágine de bandas rock que procedían de USA, en sus variantes punk, rock, grunge o metal, aparecieron Third Eye Blind desde San Francisco y arrasaron en todo el mundo con su disco debut, gracias a trallazos como eran la muy popular "Semi-charmed life", "Jumper" o "How's it going to be".
Ésta última fue la canción con las que yo les descubrí, gracias a que en el programa de clips de Los 40 Principales (Canal +), un día lo emitieron, y me quedé prendado de la canción, de la banda, y del carisma del cantante.


Para los que no les pongan cara ni se acuerden de ellos, escuchad un poco esta canción y rápidamente caeréis en la cuenta de quiénes son estos chicos.
Ha sonado en infinidad de películas y series, sobre todo en las típicas escenas de fiestas de adolescentes, de esas que montan en casa cuando los padres se van, siempre hay alguno que se sube a una moza a una habitación, y les acaban pillando, vierten alcohol en el ponche, hay una piscina llena de muñecos hinchables y cuando se marchan, todo queda destrozado.


Este primer y homónimo álbum personalmente para mí tuvo un gran impacto. Pocos trabajos suenan tan homogéneos de principio a fin, bajando la intensidad del sonido paulatinamente hasta ese final épico de los últimos cortes, donde destacan la maravillosa "The background", uno de mis temas fetiche de siempre. Memorable, soberbia, apasionada.
Una canción que de haber sido single, podría haberles supuesto un mayor prestigio, haberles tildado de un grupo más allá de hits universitarios, con una trascendencia y épica que realmente merecían.


El efecto del "tercer ojo ciego" se expandió hasta el segundo disco ("Blue") pero tras la marcha de Kevin Cadogan la banda se desinfló. Kevin era el guitarrista y compositor junto al carismático (y bastante guapo) Stephan Jenkins, ególatra líder indiscutible de la banda. Otro factor determinante eran los directos. En vivo, dejaban mucho que desear, sobre todo por las interpretaciones de su cantante, que desafinaba malamente en las notas altas.



Las deserciones entonces se fueron sucediendo y actualmente de lo que era la formación original del grupo sólo resisten el propio Jenkins y el batería. Los demás han salido escopetados al ver cómo se las gasta su líder.

Desde entonces han publicado cinco discos, cada uno con peor suerte que el anterior, y aunque probablemente, su sexta entrega, prevista para el 18 de Octubre, no vaya a cambiar en absoluto sus antecedentes, es posible que al menos atraiga a parte del público que consiguieron atrapar con los primeros discos.

Escuchando los dos adelantos, "Screamer", que es la que da nombre al disco, y "Walk like kings", comprobamos que hay una vuelta a las melodías reconocibles, y eso es un avance. Las últimas canciones de Third Eye Blind se perdían en sonidos que cambiaban continuamente, frases que salían en tropel, textos ampulosos y poco memorables y guitarras que no encontraban una dirección concreta.


"Screamer", junto a Alexis Krauss de Sleigh Bells, recupera la gran esencia de sus primeros hits, ese rock universitario de estadio que convulsiona tu interior y se queda como un chicle en tu cabeza. La sorpresa nos la llevamos en "Walk like kings", que descuelga las guitarras, un medio tiempo muy de los 00's que practicaban bandas como Maroon 5, Toad the Wet Sprocket o Jimmy eat World.
Precisamente con estos últimos salieron de gira este año y han acabado un poco escaldados. El batería de los Jimmy echó pestes sobre el cantante de los Third Eye Blind en las redes sociales, llamándole gilipollas por su actitud narcisista. 



Justo después de sacar su anterior trabajo, Jenkins anunció que no volverían a sacar nuevo disco largo de Third Eye Blind, que lo más que publicarían serían singles sueltos y EPs. Moda ésta que también han anunciado artistas como Sheryl Crow, OneRepublic o Ash (y que después se han arrepentido), pero que cuando preparaban "Screamer", tenían unas cuantas canciones (once) que casaban bien juntas y que no querían separar en varios EPs.

Si consiguen domar las ínfulas de superioridad de su líder, y si han conseguido mejorar su directo con los años, que suponemos que sí, podría ser que los 3EB retomaran algo del camino que comenzaron hace ya 20 años, y les valga para servir de excusa para volver a las carreteras de su Estados Unidos natal, donde son bastante reconocidos todavía.



viernes, 13 de septiembre de 2019

The Cardigans y Amaral en DCODE - Dos actitudes opuestas (2ª parte)


Muchos años han llovido desde que pude acudir a mi primer concierto de Amaral. Fue en 1998, con mi recién cumplida mayoría de edad, me presentaba en la Sala Galileo Galilei con un buen amigo, que fuimos casualmente esa noche, porque sí, a ver quién actúa, sin más.
Unos desconocidos Amaral (también para mí) presentaban su disco debut para las pocas personas que nos congregábamos allí. Recuerdo que viendo el póster publicitario del evento, pensábamos que era el proyecto de una cantante solista, y es que no fue hasta un poco más tarde, que Juan Aguirre, el guitarrista, pasó a formar parte determinante del ahora aclamado dúo.
Recuerdo la banda, y especialmente la bajista, una chica mulata de pelo afro que llamaba la atención sobre el escenario. Recuerdo también cómo me quedé boquiabierto con esas canciones tan hermosas que en directo sonaban espectaculares, a pesar de no conocer ninguna de ellas.

Si algo dejaba claro esa chica morena y menuda, que se dejaba la piel en cada una de las canciones, la pasión con la que interpretaba temas como "Rosita" o "Un día más", es que iban a llegar muy lejos si la suerte les acompañaba porque se lo merecían.
En mí dejaron tal efecto, que al día siguiente, sin dormir, después de toda "la noche en la calle", hice guardia hasta que abrió el Madrid Rock de Gran Vía, para comprarme el cassete de su disco, porque no podía quitar de la cabeza sus melodías.

Un par de años después, seguían siendo un grupo minoritario y con su "Una pequeña parte del mundo" en el mercado, y temazos como "Cómo hablar", que uno se preguntaba cómo narices no había podido ser un hit nacional, y volvían a actuar de forma gratuita en el Chesterfield Cafe.
Y allí me encontraba yo, de nuevo en un formato íntimo, para unos cuantos asistentes, con Eva cantando a escasos dos metros de donde me encontraba yo, después de haberla visto cenar junto a la banda. En aquella ocasión pude llevar los dos cds para que me los firmaran y aproveché también para conversar con ella un rato, algo que ahora probablemente sea imposible hacer.

Puedo rememorar perfectamente aquel momento. Me preguntaba, cómo puede ser posible que alguien como Eva, tan menuda, con esa vocecilla apenas audible en las distancias cortas, puede llegar a soltar ese vozarrón impresionante cuando se pone ante el micrófono. Me pareció tan tímida, introvertida, abrumada con los halagos, que se me hacía imposible no adorarla más por eso. Le comenté algo que sigue sucediendo a día de hoy: Sus canciones, incluso las del último disco, son las únicas de la música actual que mi madre, con sus problemas de demencia que sufre, es capaz de aprender y cantar. Es abrumador pensar cómo unas canciones pueden abarcar a público de tan dispar edad, desde el adolescente que era yo por entonces, hasta a una señora de cierta edad, encontrando en sus temas un punto de conexión conjunto para sentirlas como algo nuestro, algo que sólo nos pertenece a nosotros, que no ha llegado al público masivo y que parecen estar dedicadas a nuestras vidas. Mi madre todavía es capaz de canturrear "Los aviones no pueden volar" de principio a fin. 

La noche del 7 de Septiembre en el DCODE, Eva se preguntaba al micrófono por qué se había dedicado a esto, dados los nervios que pasaba antes de salir al escenario.
Probablemente lleve padeciendo ese mismo malestar desde aquella modesta actuación en el Galileo Galilei, pero lo que es un hecho indudable, constatado por el paso de los años, es que ha nacido para estar sobre un escenario.
Sigue siendo un animal escénico como pocos, entregándose en cuerpo y alma a sus composiciones, independientemente de si las ha cantado ya mil veces, uno tiene la sensación cuando apasionada declama los versos de "El universo sobre mí"que es la primera vez que las interpreta.


El leitmotiv de su paso por el DCODE era presentar el nuevo temario que encontramos en su nuevo álbum, "Salto al color", que salió precisamente a la venta el día anterior.
Enfundada en un body con brillantes formas geométricas dispares, y un casco que simulaba una mezcla de bola de discoteca estroboscópica y un casco espacial, que se quitó cuando se situó ante el micrófono, generando la ovación general del público, comenzaban el concierto con una rotunda "Señales", de los mejores cortes del nuevo álbum, donde hacen alusión a apariciones de otros mundos en líneas tan ocurrentes como "Te imaginaba como un enigma que nadie conseguía descifrar, y parecía más sencillo que un alien me viniera a visitar".
 Situados nosotros al lado de los altavoces, los graves de los temas nuevos sonaban realmente profundos, llegando a retumbarnos en el cuerpo, una sensación que acrecentaba más la potencia de su sonido. 

Inmediatamente continuaron con infalibles como "El universo sobre mí", o la para mí muy cansina, y demasiado complaciente para el gran público, aunque inevitable, "Marta, Sebas, Guille y los demás", una canción que nunca me ha llegado a gustar, pero que viendo la reacción de los allí presentes, es incuestionable que deban tocar. 

Extracto de "Como hablar":


Eran más de las diez, varias horas después del inicio del festival, y el problema que nos encontramos cuando hay tantas horas de conciertos detrás, y las que quedan por delante, es que hay gente que ya está muy cocida, o muy colocada, y alrededor nuestro pululaban algunos elementos que bailaban los temas como si se tratara del último éxito trance de la discoteca, a su absoluta bola. Molestando a los demás continuamente con empujones, silbidos, tirándonos las copas encima y agitando los brazos sin dejarnos ver bien... no era el entorno más idílico para ver una actuación de Amaral, y sinceramente, su música no invita a recurrir a estupefacientes para poder disfrutarla a tope, pero ya conocemos cuáles son las tendencias de algunos y es algo con lo que tienes que lidiar cuando acudes a un evento de este tipo.

Extracto de "Revolución":


Eva saludaba a una ciudad en la que vive desde hace 20 años y nos decía que estaban allí para entregarnos su repertorio nuevo, que esperaban que disfrutáramos como ellos en estos cuatro años que les ha llevado grabarlo. 


Extracto de "Soledad":


Del nuevo disco tocaron aparte de la mencionada "Señales", "Bien alta la mirada" y "Nuestro tiempo", una delicia en directo, "Soledad", igual de cautivadora que en el disco, "Juguetes rotos", con una mínima coreografía para acompañar al estribillo y un piano de juguete al terminar, que no entendíamos bien a santo de qué, pues el efecto de que se "rompe" la canción que podemos apreciar en el disco, no fue tal en vivo. 

Extracto de "Bien alta la mirada"
 

"Lluvia" también cayó, y "Entre la multitud" dejó claro que será uno de los platos fuertes de esta gira, alargando su final para que el público no pare de dar botes. 
El primer sencillo, "Mares igual que tú", terminó sonando algo más descafeinada que su versión de estudio, principalmente en el estribillo, porque en directo pierde ese toque reguetonero tan característico y se queda algo desigual en efectividad, así com la guitarra portuguesa, que obviamente Juan no pudo sacar en el concierto, haciendo lo que pudo con la eléctrica, que no quedaba igual. 

Extracto de "Mares igual que tú"



De los clásicos, nada del primer disco, "Como hablar" del segundo (la anunciaron como una canción que habla de relaciones casi paranormales), "Moriría por vos" del tercero (dejando como gran ausente "Sin ti no soy nada"), del cuarto las infalibles "El universo sobre mí", "Marta, Sebas...", "Revolución" (que sigue despertando a las masas como ninguna) y otra ausente, la preciosa "Días de verano" (ésta sí la eché en falta). Del cuarto sólo se atrevieron con "Kamikaze".
"Hacia lo salvaje" terminó el concierto, con un outro expansivo, y "Hoy es el principio del final" también cayó por el principio. De su fantástico "Nocturnal", para mi su mejor disco, únicamente rescataron "Lo que nos mantiene unidos". 


Extracto de "Lo que nos mantiene unidos"


Al no ser un concierto al uso, limitado en hora (que a lo tonto casi fueron un par), habrán tenido que desprenderse de algunos hits, que seguro sí que tocarán en aquellas actuaciones que sólo lleven su nombre en el cartel. En DCODE, probablemente como reclamo internacional, Two Door Cinema Club, fueron proclamados como cabeza de cartel, pero después de ver a unos y otros, y sobre todo, cómo fueron aclamados, admitimos sin ningún tipo de miramiento que las verdaderas estrellas del festival fueron los zaragozanos.

Extracto de "Kamikaze":



Este artículo lo comenzaba hablando de mi primer encuentro con Eva hace más de veinte años, y esa muchacha apocada a la que apenas se la sentía cuando nos entonaba eso de "El año en que Allen Ginsberg murió", ahora desata toda su furia, sin fallar una nota, con un lenguaje corporal espasmódico que acompañan y refuerzan sus interpretaciones, demostrando las tablas que le han dado todo este bagaje de años en los que amaral pasaron a ser AMARAL. 

"Y dime si, sientes lo mismo....", esbozan en "Kamikaze". 
Por supuesto, salí sintiendo escalofríos como en aquel primer encuentro. 

Gracias a Eva y Juan por todos estos años de enormes canciones y directos apabullantes.
Gracias por existir.


domingo, 8 de septiembre de 2019

The Cardigans y Amaral en DCODE - Dos actitudes opuestas (1º parte)


Mi presencia en el DCODE quedaba justificada por dos únicas actuaciones, las de The Cardigans, que actuaron a las 21:00, y la de Amaral, una hora después.
Todos los demás me sobraban, aunque reconozco haber disfrutado de alguna sorpresa como fueron Miss Cafeína.

El festival comenzaba bien temprano, con unos Carolina Durante inaugurando, que según me han contado, estuvieron pletóricos a pesar de algún fallo de sonido puntual. No voy a mencionar a todos los que formaban parte del cartel, pero sí quiero dar algunos nombres. Fue muy criticada la hora de la participación de La Casa Azul (sobre las 14) cuando ofrecen un espectáculo con luces que se podría haber disfrutado más de noche, y sobre todo después de descubrir decepcionados que en pleno prime time actuaban unos desconocidos franceses Caravan Palace, que no supieron conectar con el público con su mezcla de estilos forzados (electro swing), para un público que a esas horas (pasada la medianoche) ya estaban en tal estado que hubieran bailado hasta a Bob Dylan. Por más que su cantante, en un perfecto castellano invitara a bailar y a cantar, fue toda una osadía para la organización dejarles en tal posición de honor. Allí estaban los Caravan Palace en un hueco que perfectamente podría y debería haber ocupado La Casa Azul, y nos hubiera dejado sobre todo a los que no íbamos de estupefacientes hasta las trancas, con mejor regusto, y así no haber acometido la huída del recinto sin siquiera esperar a Kaiser Chiefs, los que cerraban el cartel.

Cuando nos estaban colocando la pulserita para cargarlas con los tuentis y dejarte la cartera sin apenas darte cuenta, Tom Odell sentado al piano hacía lo que podía sobre el escenario. La primera sensación y así lo comentamos todos fue lo malísima que era la acústica en el recinto. A pesar de estar tan cerca, el sonido era pésimo: los graves reforzados hasta el punto de no sentir ni la voz, ni percibir la instrumentación. Una nebulosa de ruido que vaticinaba lo peor.
 
No fue así al menos para los resultones Miss Cafeína, arreglado el problema de sonido, que supieron calentar el ambiente con sus canciones impregnadas de toques electrónicos, alguna guitarra suelta, estribillos demoledores y un cantante que suena más potente en directo que en el estudio. Casi podemos decir que a pesar de seguir una táctica casi calcada a los cabeza de cartel Two Door Cinema Club, ganaron en su batalla por empatizar con el público. Logro éste consumado tras incluir así por sorpresa, entre éxito y éxito, una conseguida versión del "Free from desire" de Gala, que nos hizo volver a los 90s, y así dar nuestros primeros saltos sobre el cesped del recinto.
Aquí un extracto de la canción.



Quizás a su cantante, Alberto Jiménez, le falte algo más de dinamismo y entrega ante el micrófono. Su entonación es perfecta pero resulta algo estático con pocas concesiones al movimiento que requieren sus canciones. 

Eels es un grupo (o el pseudónimo de Mark Oliver Everett) que por más portadas que Rockdelux le dé, me da una pereza tremenda. Así que decidimos situarnos en primera fila del Escenario #1 para poder ver bien a The Cardigans, y dejar que Eels sonara de fondo.

A las 21:00 salieron los suecos, y como buenos escandinavos, ofrecieron su cara más fría al público que esperaba ansioso una interpretación secuencial exacta de su más exitoso disco, "Gran Turismo". Allí nos encontrábamos seguidores fieles de la banda que llevábamos años esperando este momento.



The Cardigans llevan 12 años sin sacar material nuevo, y en palabras de Nina Persson, la carismática vocalista, no vamos a tener más música bajo el nombre de The Cardigans nunca más. Eso no ha impedido que se embaucaran en una gira homenaje por el 20 aniversario de ese disco que supuso un hito en su carrera, bastante desigual, por cierto. Los suecos han tenido la trayectoria más extraña que podemos recordar en este mundillo. Parece mentira que canciones como "Lovefool", "My favourite game" o "For what it's worth" hayan salido de la misma banda.



Ataviada con una capa negra con grandes cuadros verdes y blancos por la parte de atrás, y un tocado que simulaba unos altavoces bluetooth superpuestos, Nina salía a escena en plan diva. Con cara de pocos amigos, sin saludar, directamente al micrófono para comenzar con "Paralyzed".

Reproducieron al milímetro todas y cada una de las canciones de ese "Gran Turismo", su disco electrónico, que curiosamente han echado pestes siempre de él porque admiten que nunca los ha representado como artistas, prueba de ello es que nunca más volvieron a explorar esa vertiente.

Pero aquí hemos venido a hacer caja, que tenemos niños que alimentar y facturas que pagar, y desgraciadamente, eso se notó en su concierto.
Parecía mentira que aquella chica que conducía en dirección contraria de forma temeraria en el clip de "My favourite game" fuera esta mujer, podríamos denominarla gran dama, que en su formalismo sueco, no ofrecía ningún entusiamo aparente a la hora de interpretar estas canciones.




Otro aspecto llamativo fue la falta de potencia del sonido. A pesar de encontrarnos a escasos dos metros del escenario, sonaban extrañamente bajos, hasta el punto de poder mantener una conversación perfectamente entre nosotros (y ser recriminados por ello). Pero es que había muchos aspectos que comentar. El vestuario, el guitarrista que suple al original, lo gordísimo que se ha puesto el bajista, lo correctos que son, lo aburridas que siguen siendo algunas canciones (como "Marvel Hill"), lo que tarda en llegar el gran momento del "My favourite game"...)



La idea, ahora tan en boga, de salir de gira celebrando el aniversario de un disco, y tocarlo de principio a fin, puede ser arriesgada si el álbum no tiene el peso adecuado. "Gran Turismo" tiene tres grandes momentos, que coinciden con los sencillos, otros más regulares ("Junk of the hearts", "Do you believe" o "Explode") y otros realmente bochornosos ("Marvel Hill" o la soporífera "Higuer").


Han sido tan fieles al trabajo original que escucharles así resulta anodino. Ni una concesión a la improvisación, ni una voz fuera de línea, ni un verso cambiado, ni un grito aislado. Es como ponerse el disco en tu casa. Podemos aplaudir la hazaña a la hora de calcarlo íntegro, pero también esperamos que aunque no quieran sacar música nueva, puedan entregarnos alguna variación los Cardigans del 2019 de lo que eran los Cardigans de 1999.



Llegado el momento más ansiado, el corte 8 del disco, en ese mismo orden, se manifestó. "Mi juego favorito" y su conocidísmo riff de guitarra quedaba completamente apagado por las voces del público, hasta el punto de no saber si lo estaban tocando o no, ya que sólo se oía a la gente entonar los "pa-pa-ra" continuos, como si de un himno de fútbol se tratara y para la parte final, Nina participar en la misma táctica.

Eso es otra cosa que me pone nervioso de los conciertos. La gente que más que escuchar va a cantar. Hay momentos en que no se oye más que a los que tienes alrededor entonando en voz en grito las canciones. Fenomenal que te las sepas de pé a pá, pero hemos venido a escuchar a la cantante, no a ti.
Sé que es algo irremediable, y todos acabamos haciéndolo, pero en serio, hay gente que se excede en su cometido de estrella frustrada de karaoke.



Ahí está Nina con su cara de pocos amigos, metida en la piel de femme fatale que requieren las interpretaciones de este frío "Gran Turismo", a pesar de los cálidos colores de su portada, que eran el telón de fondo de la actuación.


Una vez concluído el disco, y tirado abajo dicho telón, es turno de repasar otros éxitos.
Empezamo con "For what it's worth", del disco "Long gone before daylight" y aquí sí que pude comprobar la cantidad de seguidores acérrimos a la banda que nos habíamos congregado en las primera filas. Fue un momento ilusionante, ver cómo todos disfrutábamos de estas canciones, quizás más desconocidas entre el gran público, pero que estábamos entonando y bailando con más pasión si cabe que las del disco que sirve de excusa para este concierto.


Cambio de tocado, dejamos la capa y nos ponemos un conjunto de pantalón y chaqueta de brillantes lentejuelas. Aquí nos dió la impresión a todos que venía la parte que más estaba disfrutando la banda, y es que las canciones de los dos últimos discos de The Cardigans representan la esencia más exacta, después de vaivenes en todas direcciones, incluso opuestas, que fueron los tres primeros largos de los suecos.


Continuaron con mi tema favorito de ellos, y casi no pude evitar las lágrimas. "You're the storm" es una canción que ha significado tanto en mi vida, que la emoción me embargó sin poder evitarlo.

No pude ni sacar el móvil para grabarlo, sólo estaba escuchándola y disfrutando de cada frase y entonación, sintiendo que a mis casi 40 años, todavía estoy buscando esa tormenta que me haga sentir vivo.


Aún faltaba rescatar "Communication", la inmensa balada con la que se iniciaba su cuarto disco, consentir al público con su amable "Lovefool" (que yo personalmente encuentro insufrible) y el gran single de su último trabajo, de título tan ocurrente como "I need some fine wine and you need to be nicer", con cencerro incluido.

En resumen, y a mi pesar, queda patente que The Cardigans están viviendo de las rentas, que aunque no les apetezca, saben que "Gran Turismo" es su gran lingote de oro, y recuperarlo en esta gira es la perfecta excusa para sanear las arcas de los miembros de la banda. Que disfrutaron más de la última parte del concierto, sin duda, y que Nina sigue gozando de una voz y un físico impresionantes, convirtiéndola en una de las mejores vocalistas que han salido de los países escandinavos, pero que en directo, resulta demasiado fría y condescendiente.

En breve la segunda parte de este artículo, que repasaramos la actuación de Amaral.




viernes, 6 de septiembre de 2019

James Blunt - Otra vez nos deja fríos


Tras el tremendo pinchazo que supuso "The afterlove" (2017), un disco que si vendió fue por el nombre de James Blunt, y no por otra cosa, el inglés se ha puesto las pilas y no ha dejado pasar más de dos años para sacar el que será ya sexto disco, que llevará el nombre de "Once upon a mind" y saldrá a la venta el 25 de Octubre.

Como hacen muchos artistas para intentar reflotar sus carreras, en las entrevistas que ha ofrecido James en los medios para hablar de este nuevo trabajo, ha comentado que ha vuelto a la forma de componer de sus inicios, más intuitiva y visceral, acercando este disco al multiplatino "Back to Bedlam", que despachó once millones de copias en todo el mundo.
Por si al oyente le quedan dudas de esta vuelta al principio, recupera la tipografía de este álbum para hacernos creer que se trata de una "digna" continuación de su exitoso debut. 

"Cold" es el single de presentación, del cual ha colgado en YouTube un VideoLyric, y lo que nos podemos encontrar es un tema más cercano al "Bonfire heart", que tan mañosamente le escribió Ryan Tedder (OneRepublic) que a lo que pudiera ser "You're beautiful" o "Wisemen".
Así que por ahora no podemos darle la razón en que esto sigue la estela de "Back to Bedlam". 

No creemos que remonte el vuelo si sigue en esta línea de "más de lo mismo pero peor", escribiendo canciones con letras edulcoradas en exceso para que las quinceañeras enamoradas las envíen a sus novios, en melodías sin gancho y de lo más genéricas, algo que ya abundaba en su anterior disco.

Sin embargo, "Moon landing" (2013), todavía nos hacía disfrutar de un Blunt más afilado que nunca. Allí encontrábamos canciones directas y pegadizas como la mencionada "Bonfire Heart", "Satellites" o la que yo consideraba la mejor "Always hate me".

"Cold" te deja frío, sin duda, y por más que le des al play, descubres que no hay "chicha" que sacar. Es lo más simple y menos arriesgado que podría haber entregado como primer sencillo. 


NOTA:  4  /   10

jueves, 5 de septiembre de 2019

Alphabeat - La vuelta del pop danés más enérgico


Corría el año 2007 y unos pizpiretos daneses rebosantes de vitalidad llamados Alphabeat irrumpían en la escena musical mundial con un pop contagioso que rápidamente empezó a triunfar en las listas de medio Europa. Hits como "Fascination", "10,000 nights of thunder" o "Boyfriend" llegaban al top20 de UK y por expansión, el efecto bomba salpicó a todo el viejo continente.

Desplazaron su pop de toques clásicos, más en la línea del rock ye-yé de los 60, hacia la electrónica escandinava, para sus siguientes trabajos, y fue entonces cuando ya no pudieron repetir el éxito de su debut. Su segundo disco, "The spell", con el cambio de sonido que supuso, demostraba que parte del "encanto" se había esfumado.

Conocedores de lo que les catapultó al éxito y tras 7 años de separación temporal donde sus miembros pudieron labrarse una carrera en solitario, vuelven a las andadas y continúan donde lo dejaron aquellos míticos temas de "This is Alphabeat", su ópera prima.

No hay más que escuchar "Shadows", el sencillo de vuelta, para darse cuenta que tenemos a los Alphabeat que conocimos por primera vez. Efervescentes, divertidos, imparables, contagiosos... una canción que te pone de buen humor, una buena dosis de cafeína para despertarte el día.
Tenemos que mencionar aquí que un remix de esta canción ha sido top20 en la Billboard Dance Chart de USA, así que ni tan mal les va con este regreso.

El 1 de Noviembre sacarán su cuarto trabajo, "Don't Know What's Cool Anymore", y así precisamente se llama la canción que han elegido como segundo single, en la línea vertiginosa de "Shadows", aunque un poco menos efectiva.
"No te voy a engañar, nací en 1985 y no sé lo que está ya de moda..." reconocen en el estribillo, y es algo en lo que yo me he sentido bastante identificado... y mira que lo intento!!



Diez canciones, probablemente muy muy cortitas para un disco que será un caramelito para los que disfrutemos con pop melódico sin más pretensión que la de hacerte sonreír y animarte cualquier día.


miércoles, 4 de septiembre de 2019

Mika - "Tiny love" es su gran canción de regreso


Ha llegado tarde, pero ha llegado. La gran canción que estábamos esperando los fans que nos enamoramos del Mika del "Life in cartoon motion", por fin está aquí.

"Tiny love", el segundo single de "My Name is Michael Holbrook", su quinto disco, que saldrá el 4 de Octubre, es lo más épico que ha grabado nunca. 

Después de arrasar con su disco debut en el 2007, todo el camino recorrido por el libanés, perdiendo algunos fans mientras tanto con discos más modestos como eran "No place in heaven" o "The origin of love", ha culminado en el que apunta ser su mejor trabajo hasta la fecha, como así demuestran los dos adelantos mostrados, "Ice cream", y sobre todo, que es en la que nos vamos a centrar aquí, "Tiny love".

Sin duda, ésta debería haber sido la continuación a ese enorme éxito que obtuvo con "Grace Kelly", "Relax" o "Love today", mucho más en la línea correcta de sucesión, que lo que fue aquél histriónico "We are golden" que presentaba su segundo largo y que a algunos nos dejó algo fríos.

"Tiny love" es Mika en una habitación llena de energía con Elton John y Queen, sus grandes influencias artísticas. Sentados juntos al piano y revoloteando durante toda la canción, comienza Mika hablando de este pequeño amor, sin artificios de ningún tipo, un amor que pasa desapercibido para el mundo pero que dentro de sus corazones se hace enorme. 




Tiene segundos memorables (como ese "But now I'm dancin', dancin', dancin', dancin'. Don't care who can see me dancin'") en donde Mika retuerce su voz, o el estribillo tan efectivo y directo, reforzando la enormidad de su "tiny love", y sobre todo, el punto mágico e inesperado de la canción, donde definitivamente nos roba el corazón, es en el puente. 
Un apenado Mika se arranca la piel y las vestiduras para desnudar hasta su identidad, declamando con toda la sensibilidad de la que es capaz, que se llama Michael Hollbrook y nació en 1983, no está perdiendo la cabeza, sólo se trata de lo que le provoca la otra persona... y cuando interpreta "you get me high on a tiny love",  subiendo su voz precisamente en el "high", es cuando caemos rendidos y prendados a este "Tiny love". Maravilla auditiva.

El videoclip refuerza a la perfección el mensaje que imparte la partitura, que en los pequeños detalles podemos encontrar grandes momentos, sólo es cuestión de la perspectiva desde la que miremos. Y el hermoso puente que antes he mencionado, en imágenes es más sublime si cabe.

Mika merece volver a lo más alto en las listas mundiales con este nuevo disco.
Realmente aquí ha demostrado ser el gran cantautor e intérprete que todos veíamos cuando inició su andadura y que ansiaba demostrar cuánto de enorme es su potencial como artista. 

Nos hemos vuelto pequeños escuchando esta pieza colosal.


NOTA: 9  /   10



martes, 3 de septiembre de 2019

Amaral - Blanca soledad



Ella disfrutaba de la dulce compañía de la soledad, la amiga más fiel que había conocido en su larga vida.  

En muchas ocasiones deseaba desaparecer, volverse una persona anónima, poder caminar sin que algún dedo la apuntara o las cabezas se giraran.

Cuántas veces habrá deseado estar sola en el mundo, cuando llegaba a un valle perdido y entre la maleza abría sus brazos y sentía la libertad más absoluta, lejos de artificios tecnológicos que la pudieran entretener. 

Cuando subía por una montaña, el pulso se le aceleraba y su respiración se entrecortaba, ansiosa por alcanzar la cumbre y vislumbrar la naturaleza en todo su esplendor.  En lo alto sentir que podría tocar las nubes, que la pureza del aire le rompe los pulmones y que alrededor no existe más que ella. 

Al sentarse en el margen del río, desnudando sus pies y dejando que el agua fría le despierte escalofríos, con los peces y los cangrejos, que se esconden tímidamente, como únicos testigos de sus aventuras. 

Las piedras de los senderos se manifiestan como trabas que tiene que ir sorteando, los espinos se enganchan en su ropa, y a pesar de las heridas que le producen, no puede detenerse en su proyecto de encontrarse a sí misma.  De ver qué le depara el final del camino. 

Allí, sólo ella y Soledad. 

Acariciaba la idea de dejar atrás todo y todos los que la conocen, de abandonarse en un mundo lejano donde pueda volver a sentirse una persona completa, sin ataduras de ningún tipo, sin presencias molestas. Eres tú quien me acompaña, Soledad. 

¿Y si lo intentara? ¿Y si llevara sus planes a cabo? Seguro que se montaría un buen revuelo, pero se decía que la fe mueve montañas, y las va a sobrevolar. 

Respira, mira arriba, oye las voces que te reclaman. Ahí está, te estaban buscando.
La soledad es blanca y el destino impredecible. Sólo espero que den conmigo. 

Recordando los cassettes - Tears for Fears - "The seeds of gold"

Mi verano de 1993 lo marcó un disco, el "Elemental" de Tears for Fears . Nadie se puede imaginar lo que para mí supusieron las ...