No ha habido que esperar hasta el 28 de Agosto para degustar el "Havoc and birght lights", nuevo disco de la canadiense Alanis Morissette.
Más allá de ser esa chica que cantaba el "Ironic", como la recuerda Justin Bieber, Alanis continúa en su intento de aguantar como pueda las cenizas de su meteórico éxito al principio de su carrera.
Varios discos después, algunos de ellos de dudosa calidad, ha conseguido depurarse con el tiempo gracias a la mano de Guy Sigsworth, productor de sus dos últimos trabajos.
La música de Alanis se ha caracterizado toda la vida por ser de un simplón que asusta. Suele tener la misma estructura: versos que poco o nada dicen manteniendo un acorde y un fuerte estribillo (donde la instrumentación estalla). Aquel nombre que le pusieron Roxette a un disco, "Don't bore us, get to the chorus", casa a la perfección con el planteamiento musical de Alanis.
Será por esa secuenciación tan plana que escuchar un disco de ella acabe aburriendo al personal. La primera vez que oyes una canción de Alanis, uno espera a que llegue el estribillo para ver si el tema realmente te dice algo. Se lo aguantas en dos ocasiones, en todo un disco el concepto satura al receptor.
Así que si uno supera las trabas de la linealidad de la música de Alanis Morissette, y se quiere meter de lleno en el "Caos y las luces brillantes", verá que al menos, en lo que se refiere al factor producción, Guy ha conseguido alterar el orden de los números para hacer más amena la audición. Se le agradece el esfuerzo para que pasemos por alto que "Guardian" tiene un estribillo que es lo mismo que el verso pero con una octava más, o que "Woman down" incluya elementos electrónicos en los que no suene a un tema de Alanis, o que "Havoc" sea una balada a piano de casi seis minutos que se siente inspirada, de hecho.
Alanis sigue con su escuadrón de fans, que no sucumbe, desde los tiempos del "Jagged little pill" (enorme disco aquél) y otros (donde yo me incluyo) la observan de reojo por si de vez en cuando se asoma otro "Thank you".