martes, 18 de diciembre de 2007

CROWDED HOUSE - TIME ON EARTH - El regreso del año


Si existe el cielo sobre la tierra, debe haber también un infierno, este podría ser el epitafio que acompañe a los neozelandeses Crowded House en estos 14 años de desaparición en los que han sufrido las consecuencias de perder a su batería, Paul Hester, que se suicidó tras sufrir una depresión.
Así la portada del album ya refleja un monstruo devorando a un hombre, el monstruo está dibujado en azul, representando la depresión, la tristeza.
Puede que este halo de pérdida vuele sobre todo este "Time on earth", pero Neil Finn, en sus composiciones, más angustiosas que nunca, ha sabido trocar los mensajes mostrados con la precisa ambigüedad para no acabar angustiando también al oyente.

Al principio, cuando todo este proyecto era el embrión de otro álbum en solitario de Neil Finn, la idea de un nuevo disco de la banda que sumar a su discografía parecía algo disparatado. Fueron las ganas de Neil de volver a tocar en un grupo las que hicieron que se volviera a unir con el bajista Nick Seymour para interpretar unas cuatro canciones juntos.
El hecho de que en el comienzo todo fuera a parar en otro nuevo disco en solitario de Neil Finn, nos ofrece la explicación de la proximidad de este "Time on earth" a las obras de Neil, sobre todo al "One nil", más que a cualquier otro trabajo de Crowded House.
Mark Hart, el que ya formara parte de la banda en la época del "Together alone" volvió a la formación que terminó culminándose con la incorporación de un nuevo batería, Matt Sherrod.

De las primeras composiciones, donde destaca el primer single "Don't stop now", en el que colaboró Johnny Marr, producidas por Ethan Johns (Kings of Leon, Ryan Adams), extraemos la cara más amable del grupo, la que por segundos nos podría devolver a esas alegres canciones que eran "Weather with you" o "Something so strong".

Así, como bien apuntaba un crítico, dentro de este disco que pide paciencia para hacerse con él, tenemos dos extremos bien definidos, aunque uno gane en presencia.
"Nobody wants to" es el referente de los medio tiempos que abundan en el disco y esa introducción "Down on the ocean floor, that's where I'm heading for", es el aviso de la pesadumbre general que florece en el contexto general.
Quizás sea excesiva esa atmósfera pesadumbrosa generada por la banda con temas como "Silent house", "A sigh" o "You are the one to make me cry", y debería haber sido contrastada más evidentemente con otros ritmos que no hagan decaer al oyente, pero en su universo particular, es una gran obra para meditar y dejarse llevar, sin artilugios y con mucho talento.

A medida que avanza el disco uno puede ir llegando al sopor derivado de esa última franja, pero el camino resulta en su mayoría placentero:

- Piensen en "Won't give up" y tendrán una idea aproximada de "Nobody wants to". Aquella pieza que abría el disco de The Finn Brothers, "Everyone is here", podría ser la primera parte de esta delicada introducción. Una melodía exquisita donde Neil modula su voz como le viene en gana y un mensaje realista pero desesperanzador, ambiguo en su fondo y apto para muchas interpretaciones, por supuesto. Un suculento entrante con un largo instrumental final donde Neil murmura palabras ininteligibles.

- A "Don't stop now" a pesar de ser la canción más comercial del disco,cuesta lo suyo hacerse con ella, pero una vez que entra su contagioso ritmo uno no podrá parar de hacerle mimos, cantarla y gritar junto a Neil en ese corte que cogió James Blunt para su "1973". Su facilidad para provocar paisajes y entornos es palpable desde que dice "Otro placentero día en el campo ha terminado en lágrimas en una noche tormentosa" o (en inglés) "There's no number on the house and the birds are heading south". Giros y piruetas en un single que no resulta muy afín para las radiofórmulas y que demuestra la capacidad y maduración de Neil, más allá de "Don't dream it's over" o "Distant sun". Hay que recordar que "Don't stop now" es la representación más fidedigna de lo que encontramos en "Time on earth". Canciones con una estrutura clásica, verso, estribillo, puente y parte instrumental, como casi nadie se atreve a hacer ya por el miedo a plagiar en cualquiera de sus partes.

- "She called up" fue el segundo single y la canción más familiar para cualquier fan de antaño de los Crowded House. Un sonido cercano a Beatles, Smiths, Supertramp, una canción limpia, pegadiza y tangentemente simplona, que incorpora un canto de "na,na, na, na, nas" interpretrado por niños que supone lo más inmediato de todo este larga duración. La canción en sí no cuajó mucho, aunque el video de la coral infantil tocando y cantando el tema no resulta nada convencional.

- "Say that again" podría haber pertenecido al "Together alone" y a ese sonido que Youth quiso reflejar en ese disco. Más paisajes creados por el amigo Neil como "There on the shore, the girl that I adore, she combs her hair on the sand" de la mano de un riff de guitarra durante el chorus y más retorcimientos en su duración.

- "Pour le monde" es el diamante del disco, se palpa en la primera escucha. "Por el mundo, no por la guerra" cuenta la incertidumbre de una relación extraña que está a punto de romperse y en donde se debaten aspectos sobre los placeres de una vida en solitario o en compañía. Esta canción acaba de editarse como tercer single, únicamente en formato digital y ya ha conseguido una nada desdeñable posición en el #51 en UK, una perfecta composición idónea para las Navidades.
"Pour le monde" tiene un estribillo que se hace esperar, que presenta un juego de voces sugerente que remata en esa secuencia final donde se expresa el dilema "He's the best you've ever had, he's so low, you'll never know". Cuando todo acaba, un violín y un piano rematan la canción endulzando la sensación de desamparo que nos transmite sin compasión.

- La canción escrita junto a Johnny Marr es la más uptempo del disco, "Even a child" recoge uno de los momentos más felices del album y más positivos, en donde nos empujan a salir adelante, encender las luces y confiar en las posibilidades de uno mismo en lo que parece claramente evidente, que incluso un crío lo vería. Ante las dudas generadas al final (otro giro en la canción, en la complejida expuesta en cada uno de los catorce temas), se formulan preguntas que se van viendo respondidas.

- "Heaven that I'm making" supone otro de los destacados del álbum, el tema más significativo del conjunto, donde se refleja la idea del cielo y el infierno, de aquellas personas que queremos llevar a un sitio o al otro. Otro medio tiempo dirigido por una mandolina en el que de nuevo, tenemos sorpresa al final, otro momento dulce donde la belleza de la voz de Neil queda constante una vez más.

- "A sigh" es un suspiro, obviamente. Es más de lo que pueda soportar... una música inquietante, emotiva, al más puro estilo Enya, que se aleja del contexto principal pero que supone un buen interludio para la parte más incómoda del disco. Eso sí, incómoda en sus primeras escuchas, poco a poco vamos encontrándonos más confortables con las canciones.

- Así "Silent house", tema que ya aparecía en el último disco de Dixie Chicks y escrito junto a ellas, ofrece otra nueva faceta de los Crowded House. Más cerca de un Springsteen exhausto o del Paul McCartney de la era "Flaming pie", Neil Finn recrea su propia versión de "Silent house". La casa abarrotada se vuelve silenciosa y en sus casi seis minutos tenemos momentos para todo. Otra melodía especial.

- "English trees" nos trae el country a la cabeza. "I must be wise somehow", otra petición para sobreponerse en una de las canciones que parece ser, yo no lo tengo tan claro, más referencias tiene al fallecido Paul Hester. Aquí, todos los Finn, Liam, Elroy y Shannon hacen los coros y tocan algún instrumento, como buena familia musical que son.

- "She walked her way down" podría haber sido interpretada perfectamente por The Feeling. Otra de las canciones con más referencias a los sesenta que podemos encontrarnos aquí. Debería haber empezado directamente con el golpe de batería, porque hasta este momento estamos pidiendo a gritos algo más movido, tenemos exceso de medios tiempos.

- La psicodélica "Transit lounge" sí que se aleja completamente ya no del concepto del disco sino de toda la carrera de los Crowded, y lo mejor de todo, es que llega a sobresalir por méritos propios. Inspirada en los largos tiempos que pasan en las salas de tránsito en los aeropuertos (suenan varias megafonías en el tema, la última en español, por cierto), Beth Rowley se apunta unos coros estupendos que marcan los cambios en su estructura. Estupenda pieza, sí señor.

- Aquí llega el momento más débil del disco, "You are the one to make me cry" es una composición pareja a aquel "All I ask" del "Woodface", pero que en la voz de Tim Finn podría dar mejor resultado. Una balada que sobra, un tanto pesada y que en su unicidad no desentonaría, por ejemplo, en cualquier recopilación variada, pero que aquí, con tanto tema lento, queda excesivo.

- Así alcanzamos el final con las personas son como soles, arden por dentro. La canción que debería haber sonado tras la magnífica "Transit lounge". Influenciada en una novela de McEwan, "Saturday", nos acaba asentando en la melancolía general que transmite este gran trabajo de los únicos Crowded House y tampoco resulta tan ñoña como la canción anterior, que deshecharía.

Un trabajo mayúscula para una vuelta que estábamos deseando que se produjera. Cumplidas las expectativas.

8,5/10

Video de "She called up":

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