miércoles, 14 de agosto de 2019

Enric Montefusco y el drama de la inmigración


El occidental acomodado no quiere que le toquen ninguno de sus privilegios. Será por eso que insistimos en ver como una amenaza la continua inmigración que nos llega sobre todo de África.
Cuando en realidad no somos conscientes de la realidad que asola al cada vez más viejo continente,  cuya edad media en la actualidad es de 42 años.

En estos días en los que nos asola el drama del Open Arms y las críticas continuas que llegan desde partidos políticos (lamentables afirmaciones las de algunos) o personajes desalmados que echan pestes sobre la labor de las ONGs, no vale con concienciar y sensibilizar a la población, porque esta civilización ya no siente lástima por nada ni por nadie. Nos hemos convertido en piedras.

Aún así, hay que seguir intentándolo y denunciar la grave situación de esas personas que toman la difícil decisión de abandonar sus países, a su familia, y emprender un infierno de viaje para poder alcanzar una existencia mejor, por lo menos, con algo de futuro.
No son precisamente brazos abiertos lo que se encuentran, y mientras no les demos una oportunidad, nuestro futuro sí que va a ser un infierno.



Enric Montefusco, en su espléndido tercer trabajo en solitario, "Diagonal", nos regala un tema exquisitamente producido llamado "Himno de Europa" que trata con ironía y una buena dosis de humor negro, con cánticos de fútbol incluídos, esta situación de indefensión en la que se encuentran estas personas.
Porque sí, ante todo son personas y ya que durante siglos los europeos hemos saqueado África, un continente que podría haberse valido por si mismo si no fuera por las colonizaciones y las dictaduras, qué menos que ofrecerles una mínima oportunidad para que puedan vivir en paz.

Antes de que alguno tire la pregunta fácil, ya la contesto yo. No, no tengo a ningún africano metido en mi casa, pero es que éste no es el sentido de la inmigración. Lo que necesitan es ayudas, insertarse en una sociedad y prosperar como un ciudadano más, sin dádivas ni condescendencias. Ellos quieren un trabajo, aprender el idioma, invertir en nuestros países, disponer de un poco de dignidad para conseguir una vida de tranquilidad. No vienen a quitarte tu lugar, vienen a ser uno más, a sumar en un país que empieza a restar.

Dejemos de verlos como la amenaza y empecemos a creer en el futuro que entre todos podemos conseguir.



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