martes, 21 de agosto de 2018

Suede y la ciudad del futuro que fue abandonada


El nuevo sencillo de Suede, "Life is golden", es otra pieza de clase maestra de los británicos, en consonancia con los dos adelantos que ya nos habían dado a conocer de "The Blue hour".



Viene acompañado de un video que no deja indiferente, unas tomas aéreas probablemente grabadas con un dron en el que contemplamos una enorme ciudad abandonada.

Esta ciudad es Pripyat y merece la pena leer algo de su fascinante historia:

A Pripyat se le desvaneció el futuro en apenas unos instantes. La madrugada del 26 de abril de 1986, poco después de las 1:20 horas de la noche, un fallo en una prueba de suministro eléctrico desató la explosión del reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil -ubicada a apenas tres kilómetros de Pripyat- y provocó el accidente nuclear más grave de la historia. Su onda de material radiactivo y tóxico expulsado a la atmósfera superó con creces a las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, que mataron a decenas de miles.

Sin embargo, los 50.000 habitantes de Pripyat, ciudad dormitorio para los trabajadores de la central nuclear, no fueron conscientes del desastre hasta un día y medio después. Fue entonces cuando decenas de autocares llegaron al municipio con la orden de evacuar a todos sus ciudadanos. La instrucción: coger cuatro prendas imprescindibles de ropa y, sobre todo, dejar atrás cualquier animal de compañía, ya que podría conservar polvos radiactivos. En teoría, se iban para tres días, pero ya no volvieron nunca más.


En el recuerdo quedó una ciudad que fue levantada en 1970 de la mano de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, la que entonces fue considerada como la más potente del mundo. Imán para los más célebres ingenieros y técnicos industriales del momento, la propia Pripyat fue catalogada como “la ciudad del futuro” y contaba con un amplio abanico de modernos servicios dentro del contexto de la Unión Soviética de la décadas de los años 70 y 80.

Hasta la tarde del 27 de abril de 1986, cuando la vida humana desapareció de Pripyat. La cifra de víctimas mortales es difícil de determinar: los datos oficiales cuentan 31 muertes por la explosión y medio centenar en las siguientes semanas. Cantidad que, según estudios de las Naciones Unidas se eleva por encima de las 4.000 víctimas como consecuencias de la radiación. En total, y de forma oficial, se calcula que la radioactividad emitida afectó a la vida de 600.000 personas.

En este último grupo se hallan los ‘liquidadores’, los equipos de rescate, personal de emergencia, policías, bomberos y soldados que asumieron de inmediato los trabajos de descontaminación. Y es que tras el desastre nuclear, se establecieron dos marcos de actuación: en primer lugar, se destinaron miles de trabajadores para taponar, enterrar y desactivar los reactores de la central (los reactores 1, 2 y 3 funcionaron hasta el año 2000); y, en segundo, se dibujó un perímetro de seguridad de 30 kilómetros alrededor de Chernóbil -central ubicada a unos 120 kilómetros al norte de Kíev y a una veintena de la frontera con Bielorrusia.


De hecho, hoy, más de treinta años después del dramático accidente nuclear, todavía hay miles de trabajadores sobre el terreno de Chernóbil y Pripyat: de ellos, unos 1.500 empleados se ocupan del programa de desmantelamiento de la planta, además de un millar más que los últimos años se han encargado de construir el nuevo sarcófago que sella el reactor 4 durante un siglo. Todos ellos deben pasar diariamente por medidores de radiación.

Aunque ahora no son los únicos, ya que si estás dispuesto a abonar entre 200 y 400 euros hay varias empresas que ofrecen tours organizados de uno o dos días por las calles de Pripyat y los exteriores de la central nuclear de Chernóbil. Una arriesgada oportunidad para ver el esqueleto de una ciudad fantasma, donde se plasma la fugaz vida de sus habitantes, con edificios extemporáneos, abandonados, esperando un futuro que no cambiará mientras la maleza se apodera de ellos.

Recomiendan ir en manga y pantalón largo, con ropa que puedas tirar. A tu llegada te darán un medidor de radioactividad y una mascarilla. Los propios organizadores admiten que la radiación es alta, aunque sólo en determinados lugares que se pueden evitar. Una exposición de dos días sería parecida, según ellos, a los rayos X de un examen médico o varias horas dentro de un avión intercontinental. Vacaciones en la ciudad fantasma.

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