martes, 3 de julio de 2018

No siento Orgullo de este Orgullo


A la edad de seis años, Dan Gillespie Sells, el cantante de The Feeling, fue fotografiado junto a su madre, en silla de ruedas, portando una pancarta en un Orgullo Gay que decía "Mi madre es una lesbiana y la amo".
Estamos hablando del año 1984, y esta foto recorrió el mundo, apareciendo en varios periódicos y en televisión. El mensaje no dejaba de ser llamativo por aquel entonces; un niño llevando orgulloso un cartel sobre su madre lesbiana... para algunos un despropósito, para él y otros muchos un sentimiento de orgullo.

Y es en estas cosas donde radica el verdadero orgullo. En aceptarnos como somos, en que nuestro entorno nos quiera y nos acepte, en que nuestras decisiones sexuales no afecten el comportamiento del mundo que nos rodea. Como dice la canción de The Feeling que abajo comparto, "todos saben que somos extraños, así que por qué has de sentirte avergonzado...".

El Orgullo Gay no es algo que haya que manifestar unos pocos días al año. Uno es gay todo el año, toda la vida. Si bien debemos seguir promulgando el mensaje, dando visibilidad a una realidad para promover la normalización, considero que el objetivo se ha distorsionado en los últimos años.

Es necesario a día de hoy, mientras sigan sucediendo ataques homofóbicos y la desigualdad esté latente en las calles y en general, en todos los aspectos de la sociedad, que exista un Orgullo Gay. Pero enfocándonos en las fiestas que se realizan en Madrid, una de las más importantes del mundo, éste no es el Orgullo Gay que nos interesa.

La primera vez que acudí al Orgullo fue por el año 1998. Cuánto ha cambiado todo desde entonces. Chueca todavía se hallaba encorsetada e intentaba desprenderse de la etiqueta de barrio conflictivo. Era terreno vetado para muchas personas, no había más que maricones de medio pelo, drogatas y macarras de tres al cuarto... así me lo decían en mi juventud.

Las fiestas eran un acontecimiento minoritario a la que acudían sobre todo gays y lesbianas. Cualquier día de estas fiestas era sencillo transitar por las calles de Chueca y poder acudir a todos los eventos que se organizaban. Encontrase con heteros, bien en familias o grupos de amigos, que es lo habitual hoy en día, era algo anecdótico por aquella época. Era un Orgullo para gays por los gays. Sabíamos que eso debía cambiar, que no podía considerarse un evento exclusivo porque no teníamos receptor del mensaje y necesitábamos que se nos escuchara, que se nos sintiera. Lo que no pretendíamos es que se diera la vuelta la tortilla de tal manera como ha sucedido en los últimos años. Nos han sobrepasado nuestras intenciones.

Porque hoy por hoy el Orgullo Gay se ha convertido en una fiesta más en Madrid, la que más gente y turismo mueve en la capital donde lo Gay pasa a ser algo anecdótico, un segundo plano.

Han salido en las noticias que el fin de semana pasado, cuando todavía no habían comenzado las fiestas, que empiezan mañana miércoles, ha habido montón de altercados.
La gente, creyendo que por la proximidad al 28 de Junio ya habría fiesta, se aglutinó en el barrio y las plazas se atestaron de chavales haciendo botellón, mientras se sucedían continuos robos y agresiones que la policía, cuyos efectivos no estaban desplegados para estos días, no han podido hacer frente como quisieran.



Y es en esto en lo que se ha convertido las fiestas del Orgullo Gay y lo que veremos en los próximos días. Un montón de chavales que encuentran la excusa perfecta para poder beber en la calle, algo que está prohíbido en la capital, y que les da igual que sea por la celebración del Orgullo, el motivo es completamente indiferente. La cuestión es que se les permite beber en las calles por unos días y si además, alguno de ellos cobran conciencia de la situación, creyendo que tomándose una litrona de cerveza en la plaza del Rey están apoyando la causa, punto extra para ellos.
Pero no, un montón de adolescentes emborrachándose en Chueca durante el Orgullo, chavales que durante todo el año no van a volver a pisar el barrio, no están apoyando ninguna causa. Por mucha bandera que se enfunden, por mucha pintura que se pinten en la cara... El orgullo no es asunto de un fin de semana, es todo el año, y sentarte en corro rodeado de botellas y vasos de plástico, que muchos de ellos ni se molestarán en tirarlos en contenedores, no te hace más tolerante.



Éste no es el tipo de público que interesa en el Orgullo, tan diferente del que acudía a finales de los años 90. Lo que ha acabado sucediendo es que muchos gays que muestran su visibilidad a lo largo de todo el año, durante el Orgullo hayan tomado la determinación de desaparecer, porque es el único fin de semana que no sienten el barrio como suyo. De repente, nos encontramos con una invasión insoportable de gente que nada tiene que ver con lo que se intenta reivindicar.

Si tenemos que buscar responsables de todo esto, quizás tengamos que señalar a los propios organizadores, más interesados en que esto promueva la mayor cantidad de dinero posible procedente de cualquier tipo de persona. Los botellones, sinceramente, no es la mayor fuente de ingresos en el Orgullo, y todos los gays y lesbianas que vienen desde fuera para disfrutar unos días de la gran fiesta, y que son los que sí generan dinero, se encuentran con una gran fiesta popular en donde lo gay queda en un segundo plano. No se ven diferencias en los botellones que se suceden durante todo el verano en Malasaña con los que se ven en Chueca estos días. El tipo de persona es el mismo. La fiesta ya no está en la calle, porque ha sido tomada por un montón de chavales cuya principal misión es cogerse el enésimo pedo del año. Algunos aplaudirán esa convivencia, pero lo que realmente ha pasado es que la comunidad se ve forzada a moverse por otros ambientes de celebración durante estos días, más exclusivos, y que puedan sentir como auténticos. El barrio se transforma en una inmensa borrachera donde la basura prolifera por todas las esquinas y el hedor a orines no te deja respirar. Estos chavales, aparte, están disfrutando de un espectáculo... cuántas veces habré visto a alguno decir "Mira, dos hombres besándose.... " y todo el grupito girarse y quedarse absorto contemplando. Sí, es una realidad que existe, pero tampoco somos animales de feria. Vente cualquier día por Chueca y con suerte, podrás contemplar alguna pareja en cariñosa actitud.

Yo soy de lo que durante estos días, huyo del barrio. Soy consciente que al menos, el viernes y el sábado es mejor no pasar por allí, y os aseguro que me apetecería, si pudiera revivir todo lo que antaño sentía, si volviera a sentirme arropado por los míos y por los que verdaderamente nos apoyan. Pero el escenario y la gente ya no son los mismos. No podemos vivir todos en una fingida gran armonía durante un par de días y que luego se sigan produciendo los ataques homofóbicos que se vienen sucediendo.

Tenemos que cambiar el mensaje y el objetivo, terminando de pleno con ese botellón exagerado para evitar público no deseado. La comunidad LGTB no es lo que se ofrece en el desfile del sábado. No es un circo de personas disfrazadas y hombres semidesnudos buscando la fotografía y el exhibicionismo. Esa es una muy pequeña parte de un mundo en el que intentamos encontrar una normalidad sin parafernalias de este tipo.

No siento Orgullo de este Orgullo, en lo que se ha convertido. Así que prefiero mostrar mi Orgullo el resto del año, que no es poco.

Os dejo una canción de The Feeling, "Strange", que sé que os llegará.




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