jueves, 13 de septiembre de 2012

Calexico - Allende las fronteras



Considero que tengo que dar una disculpa a este lapsus de actividad que casi llega a un mes. No soy partícipe de mis actividades personales, pero si no las cuento, no puedo dar explicación. Dos factores han sido claves, uno de ocio y otro de salud. A un estupendo viaje de una semana por Francia se le sumó, a la vuelta en Madrid, una torpe caída que me ha supuesto llevar durante diez días una escayola en el brazo izquierdo.

No me ha dado tiempo a perfeccionar mi escritura con una mano, por lo que desistí en el intento de escribir aunque sea unas simples líneas, que podría haberlo hecho.
No me apetecía forzar la máquina.

Ahora con mi mano liberada también se libera mi mente y las palabras, que días pasados parecían atrapadas sin encontrar salida, empiezan a fluir.

Tener una mano inhabilitada no me ha supuesto que mis oídos se cerrarán, por lo que he estado escuchando mucha música que ha ido saliendo estos días de intensa actividad.
Alanis, The Killers, Pink, Nelly Furtado, Animal Collective... han sido algunas de las más reconocidas filtraciones, pero mis oídos se han deleitado más en otros menesteres.
Calexico y Parlours han ganado la batalla en este periplo de huelga de dedos.

Calexico y su "desert noir" se elevan y despliegan alas en "Algiers", su último disco, difícil de ponerle número en una discografía que se ha movido entre lanzamientos oficiales y no oficiales, bandas sonoras y entretenidos experimentos.

Su sonido fronterizo, huele a ratos a bandera con barras y estrellas y a otros, a guacamole. Una combinación que siempre he adorado.

En el disco, de un gusto excelente y loable, se presiente una desazón ante la vida, los acontecimientos que en ella se suceden y el método para hacerles cara. Hay concesiones bien llevadas al castellano, y una ayudita del español De Pedro en "Puerto" (qué reconocible es su voz, no he tenido ni que buscar créditos).

"Para" es el sencillo que sacan para ponerlos frente al mundo. Un tema que se mueve por marjales hasta terrenos cenagosos, algo inhóspito para el populacho y que sin embargo es de lo más atractivo si uno quiere arañar las paredes de las emociones más alejadas de la paleta de colores claros.


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