lunes, 19 de diciembre de 2011

Björk - Biophilia según rockdelux



Hemos oído hablar más de las aplicaciones de Apple creadas para este proyecto, o los instrumentos originales que se han fabricados para las giras presentación, que de la música en sí.

Había más expectación antes de que saliera en la calle que una vez en nuestras manos. Y es que parece que por muy ocurrente que fuera el empacado, el disco de Björk peca de más de lo mismo, a ratos tedioso o abrumador y otros parece que sólo se entiende y se complace ella sola.

Por eso me ha gustado esta crítica de Rockdelux, que me imagino que tras esto no se les ocurrirá colocarla entre lo mejor del año:

"En la década que ha pasado desde su último disco enteramente disfrutable, "Vespertine" (2001), la abeja reina del pop de vanguardia ha proyectado quiméricas excursiones sónicas. Los delirios experimentales de "Médulla" (2004) y "Volta" (2007) han obligado a sus fans a armarse de paciencia. Más de uno necesita pensar que "Biophilia" es una vuelta al redil. Pero no, Björk padece la misma enfermedad que Massive Attack: intenta suplir su falta de apetito melódico con ingenios tecnológicos, colaboradores de medio mundo, instrumentos inventados, patrones rítmicos inimaginados y miles de horas de estudio.

Está tan más allá que grabar un disco normal le parece una ofensa. Es una opción, pero sus costosísimas producciones no disimulan su agotamiento compositivo. Yo la imagino planeando a destajo, exprimiendo su agenda de obreros programadores (Damian Taylor, 16bit, El Guincho, Matthew Herbert, Mark Bell), perdiendo el culo por la última tecnología... Y, al final, cuando toca añadir una letra y una melodía de voz, la islandesa, rendida de agotamiento, se queda frita delante del micrófono.

En "Biophilia", desigual y caprichoso, con sus minutos interesantes y sus pasajes insufribles, desembocan todos los tics de Björk: ese culto a la última tecnología, ese modo de espabilar canciones con impulsivos chutes de ritmo, ese deambular por la base instrumental esperando que algo inspire su voz, esa falta de olfato para la melodía... "Homogenic" (1997) y "Vespertine" también eran ambiciosos, pero tenían consistencia y atractivo. Aquí, vuelve a pasearse durante más de una hora, extraviando gorgoritos de canto gregoriano digital, dilatando partituras con aspecto de banda sonora para una escena de intriga que nunca llegará al climax, tejiendo texturas, tirando cables multidisciplinares, teorizando, adornando... Y, al final, entregando otro cancionero sin un single verdaderamente cautivador. Lo siento, pero yo la veo más despistada que avanzada.

1 comentario:

atticus' daughter dijo...

He de reconocer que escuchar el disco me da un perezón que no veas, y más aún como lo describes. Pero por otro lado quisiera destacar "Crystaline". No me preguntes por qué, es rara de cojones y tiene todos los elementos juntos como para que no me guste... pero el caso es que es una canción que me fascina, que cuando conocí este verano me enganchaba sobremanera y era capaz de escucharla 10 veces seguidas y quedarme con ganas de más. Esta mujer nunca dejará de dejarnos indiferentes. Y tengo mucha curiosidad y muchas ganas de verla en el próximo Primavera Sound. Ya contaré qué tal, porque seguro que es toda una experiencia.

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