miércoles, 5 de enero de 2011

Concierto de Lady “Ganga” – 12 de Diciembre



Punto 1: Aclaro antes de nada que el que aquí suscribe no acudió al concierto. Sólo voy a tomar la referencia del sufrido periodista de ROCKDELUX que asistió a la cita y que ha comentado sus impresiones en el último número del mensual. Personalmente, aguanto cuatro canciones de este personaje, y una sesión de hora y media podría ser demasiado para el body.

Punto 2:
Ninguna otra estrella que ha pasado por este país ha formado tanto revuelo con un par de conciertos, siquiera Madonna cuando aterrizó en la península con la peor de sus giras, el “Sticky & Sweet tour”. Lady Gaga ha ocupado titulares en los días de la actuación, bien por la estafa que se produjo con algunas entradas como por la masiva asistencia al evento.

Punto 3: No le quito mérito ninguno, que a mí no me acabe de gustar no significa que no valore su capacidad mediática para triunfar en el sobado mundo del pop.

Dicho todo esto, quiero incluir la crítica que Víctor Lenore ha escrito para Rockdelux, en el que claramente, expone sus inclinaciones: no es un fan de la Gaga ni tampoco un gran conocedor de su repertorio.

“Tiene cuatro singles arrolladores, pero sobre todo triunfa por una personalidad pasada de rosca, prima hermana de Derek Zoolander, el delirante modelo creado por Ben Stiller. Ver a Gaga en acción es sumergirse en el freak show de un icono del consumismo kamikaze. Se esperaba un montaje excesivo y no cumplió las expectativas. Más bien se limitó a subrayar su condición de “miniyó” de Madonna.

Las fantasías presentadas resultan de lo más previsible: un set tipo “Death Proof” de Tarantino, otro en plan bosque tenebroso de Tim Burton, mucha fiesta gay, un vagón de metro abandonado y un pulpo mutante que no daba ningún miedo. Canciones como “Just Dance”, “Paparazzi” y “Poker face” sonaron potentes y convincentes. “Bad romance” fue un cierre apoteósico. La mejor estrategia para este “Monster Ball Tour” hubiera sido tocar ese hit diez veces seguidas en lugar de las piezas de relleno.

El grueso del repertorio es realmente mediocre, sobre todo las baladas al piano. Sus discursos de liberación interior y amarse a uno mismo se hacen tan pesados como los anuncios de Hugo Boss o los alegatos pseudofeministas de Paulina Rubio. Lo más entrañable fue que Gaga recordara la noche de febrero de 2009 cuando actuó en el minúsculo club madrileño Ocho y Medio. Doscientos fans se quedaron en la puerta por falta de aforo. Ella entonces decidió hacer un segundo pase para atender a su público. Ya tenía actitud de estrella, pero le falta un largo camino para dar un concierto completo con la mínima sustancia exigible (más aún cobrando las entradas a partir de 70 euros)”




Quién lo iba a decir, dato curioso el que la Gaga actuara hace dos añitos en el Ocho y Medio, local al que he ido varias veces. No me la imagino en un recinto tan pequeño, cantando esas aburridas canciones de su disco debut, que sólo sirven para espantar a los gatos. Quién le iba a decir tan poco tiempo después que llenaría el Palacio de Deportes. Lo dicho, lo de esta mujer es todo logros, no hay quien se lo cuestione.

Aparte de los cuatro “trallazos” que menciona Víctor, tenemos más chicha de la que creemos, al menos para amenizar media hora, con sus “Alejandro” y “Telephone”, que me imagino que cayeron en el setlist. Sí que me parece desmesurado que una artista que está empezando se permita el lujo de cobrar 70 euros como mínimo por entrada. Creo haber leído que los estafados por varias páginas de la red llegaron a pagar 100 euros.

Repito que es un concierto que no hubiera ido, ni regalándome la entrada, pero conozco mucha gente que estaba ilusionada con acudir, así que puedo entenderlo. Quizás al Ocho y Medio sí me hubiera animado, cómo disfrutaría viéndola tocar “Bad romance” en un escenario de cuatro metros cuadrados.

El "Telephone" en directo, parece ser que en Madrid:

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