martes, 29 de enero de 2008

LA CASA AZUL - LA REVOLUCIÓN SEXUAL- Crítica de Rockdelux



Este podría ser el año de Guilly Milkyway si se lo propusiera su discográfica, así lo creo yo y así lo afirma esta crítica de Rockdelux que adjunto:

Que llegue a las tiendas un CD sin un solo corte de relleno ya debería ser motivo de celebración. Pero, además, en este tercer álbum Guille Milkyway se ha sabido sacudir la estética retro a favor de un sonido más artificial, plástico y a ratos histriónico. Ahí queda “No más Myolastan”, un pedazo de himno que igual podría dejar contento a un fan de New Order que a uno de Aqua. La Casa Azul suena más que nunca a La Casa Azul, aunque en la canción que da título firmen la mejor apropiación de Dinarama que soy capaz de recordar. Un experimento interesante sería pinchar “Chicos malos” en radiofórmulas de los cinco contienentes. La canción lo tiene todo: melodía majestuosa, estribillo explosivo y un precioso destello de Abba. Se contagia y no te suelta. La enorme cultura de Milkyway da sustancia al nutritivo puré de influencias del álbum (desde las divas de los sesenta hasta el pop japonés, pasando por tótems indies de toda la vida, entre muchas otras fuentes).

El salto se nota también en lo que se cuenta: atrás quedan las historias clásicas de desamor para dar paso a rimas sobre la hipocondría y la ansiedad. El autor ha dicho: “Hablo de lo que me pasa porque no soy bueno escribiendo letras”. Por suerte se inspira en conflictos que sufrimos muchos (emocionales, sociales o laborales, que no son categorías tan distintas). Ojo al comienzo de “Prefiero no”: “Todo el mundo necesita respirar/ no hay quien pueda permitirse no parar / demasiada incertidumbre / demasiada autosuficiencia”. Así de hostil es para muchos la vida en Occidente en el siglo XXI.
Vale, no es Leonard Cohen, pero cuando menos te lo esperas te desarma con una frase sencilla y destemplada. Ahora mismo se me ocurre “hoy me estoy gustando de verdad / sígueme la corriente” (gran retrato de esos momentos de entrañable estupidez por los que pasamos todos).
Otro ejemplo: “Llegas a casa tarde y no paras de hablar / y aunque no lo parezca, quiero que hables más / eso me tranquiliza / ver que no tienes prisa”. En la actualidad no es t an fácil firmar un verso de amor ajeno a los tópicos.

El gran mérito es que no estamos ante un disco deprimente, sino vigorizante. Cuando escucho “Un soplo en el corazón” (Family) me paso el rato pensando en lo sensible e inteligente que es Javier Aramburu. Cuando pongo “La revolución sexual”, mi cerebro funciona menos y mis emociones más. Me siento acompañado. O sea: mejor.

VICTOR LENORE

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